Suele decirse que el ilusionismo es la reina de las artes. El mago ofrece sorpresa y sonrisas, pero detrás de muchos de sus juegos se esconden ciencia y técnica. El mago, aparentemente, parece saltarse las leyes de la naturaleza. Pero en realidad las utiliza para hacernos creer que es capaz de hacerlo. Sólo que, a veces, esa misma técnica puede provocar una desdicha.Eso ocurrió la tarde del 23 de marzo de 1918. El Teatro Wood Green Empire de Londres se encontraba repleto. El público estaba encantado con el show mágico que presenciaban. A mitad de función sonó un redoble. Un par de hombres armados con mosquetes salieron a escena.
Al otro lado se encontraba el mago Chung Ling Soo sosteniendo un plato delante de su cuello. Los mosqueteros dispararon y el mago cayó al suelo, sangrando. La ilusión había terminado en tragedia. Fue el final del más grande de los magos chinos.
Solo que no era chino. Su verdadero nombre era William Ellswort Robinson y había nacido en Nueva York. El momento cumbre de su espectáculo era el efecto la bala atrapada: se disparaban varias balas contra Soo, que aparentemente las cogía al vuelo y luego caían sobre un plato. Hoy día muy pocos magos realizan este juego. La razón es obvia: es muy peligroso.
Con la investigación policial se pudo descubrir cuál era el truco utilizado por Soo. Su mujer daba a examinar la balas a los espectadores y las marcaban para que quedaran completamente identificadas. Cuando ella volvía la escenario, secretamente, las cambiaba por otras y entregaba las marcadas a su marido.
Los mosquetes estaban preparados de forma que las balas nunca saliesen del cañón. Se escuchaba una explosión y se veía un flash de luz, momento que aprovechaba Soo para dejar caer las balas en el plato. La ilusión era completa.
Pero esa fatídica noche, si Soo había utilizado la técnica para impedir el disparo, un fenómeno natural inevitable como es la corrosión provocó el fallo del mecanismo, con lo que las balas reales efectivamente salieron del arma y William Robinson, el gran Chung Ling Soo, murió por su arte.
A continuación una lista de los magos que han muerto por fallas en el referido truco, lo que explica por qué los ilusionistas actuales prefieren no incluirlo entre su repertorio:
"Coulen", muerto en alrededor del 1500
Kia Khan Khruse, muerto en 1818, aunque las circunstancias de su muerte no están muy claras
Madame deLinsky, en 1820
Giovanni de Grisy, no se especifica la fecha. Él era hijo del mago Torrini, supuesto mentor de Houdini
Arnold Buck , en 1840
Adam Epstein, 1869
Raoul Curran, en 1890
De Line Jr., 1899
Otto Blumenfeld, 1906
Chung Ling Soo, 1918
H. T. Sartell
"The Black Wizard of the West", en 1972
Ralf Bialla, 1972
Doc Conrad, 1977

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