
Mientras las editoriales mexicanas registran que entre 12% y 20% por ciento de sus ganancias provienen de los llamados “libros de coyuntura”, escritos por políticos, periodistas, politólogos, investigadores y académicos, donde se explican la vida nacional, la literatura ha encontrado en la reconstrucción de la memoria un campo fértil para evitar el olvido de acontecimientos históricos y ejercitar la literatura y el lenguaje a través de relatos que tienen a la realidad como columna vertebral.
La efervescencia de la novela histórica se enmarca en un contexto donde los países han conseguido superar sus fricciones internas a costa de discriminar sus pasajes de horror: las dictaduras militares, las guerras fraticidas, la violencia y el narcotráfico, los presidentes cuestionados y los problemas generados por la pobreza.
El director de teatro, cine y escritor colombiano Jorge Triana, quien ha realizado adaptaciones de la obra de Gabriel García Márquez, sostiene que son dos las características de América Latina: el silencio y la falta de memoria. “Es mejor no acordarse de ciertas cosas, no estamos preparados, siempre dicen ‘dejemos el velo, así vivimos más tranquilos’, pero hay que hablar de la verdad de lo que nos pasa”, asegura. Y es en la literatura donde encuentra el tejido fino para la recuperación de la memoria.
Otro escritor colombiano, Mario Mendoza, acepta que hay un movimiento neoconservador que siente rechazo a las reflexiones político-históricas, “pero es un movimiento, no es todo el público”.
El autor de Satanás y Los hombres invisibles, señala que una de las bondades del realismo es permitir a lectores y escritores mirarse al espejo. “Al principio ves lo bueno de ti, pero poco a poco ves las verrugas, las manchas en la cara, tus horrores. Verte en el espejo exige valor, autocrítica, puedes tener la reacción de ‘hoy no me quiero mirar, no me quiero torturar’ y lo mismo sucede con la historia en la literatura”, explica.
El fenómeno de la violencia en Colombia durante los últimos 50 años ha generado que gran parte de sus escritores recuperen los pasajes más dolorosos de su pasado reciente, aunque muchos consideran que aún no es suficiente. Álvaro Mutis pidió paciencia en la pasada Feria Internacional del Libro en Guadalajara. “Ya habrá escritores que dejen testimonio de la violencia que están viviendo, no hay que correr, esto tiene su ritmo, primero viene el efecto de la violencia en el alma, después se filtra y se madura. Ya escribirán sobre eso”, dijo. En tanto, las editoriales colombianas no mostraron ningún título referente al narcotráfico y evitaron, en alguna portada o título, la imagen de Pablo Escobar Gaviria, el narcotraficante al que se atribuye la convulsión colombiana, al cual Laura Restrepo dedicó diversas referencias en su libro Delirio (Premio Alfaguara de novela 2004), entre ellas una frase que sintetizaba su enojo tras la firma del Tratado de extradición con Estados Unidos en los años 80: “Lo miré temblar de ira santa y le escuché decir una frase tremenda: (…) voy a invertir mi fortuna en hacer llorar a este país”.
El periodista Juan Cruz señala que se ha perdido la sensación de que la literatura es un testimonio del tiempo. “La gente quiere hacer de la literatura un escaparate del tiempo y creo que eso conduce al espejismo del best seller y la ficción absoluta. La literatura debe estar transida de realidad como lo ha estado en sus épocas más pletóricas”, dice en alusión a los libros “de moda” que pretenden ser novela histórica como El código Da Vinci de Dan Brown y los cuales han generado series completas de libros “basados” en la historia.
“Aunque es un libro aparentemente culto que está lleno de falsedad”, sentencia Pedro Ángel Palou, autor de las biografías noveladas de Zapata y Morelos.
España no escapa al fenómeno que ha coincidido con una situación política. Luis Leante escribió Mira si yo te querré y lo ubicó en la época del fallecimiento del dictador Francisco Franco. “Es importante no olvidar la historia porque si no se conoce, estamos condenados a repetirla siempre, son muchos los intereses y las heridas sin cicatrizar, en España ocurre con la Guerra Civil que ya terminó y quedaron heridas sin cerrar, eso se ha producido en España, donde ahora hay una ley de la memoria histórica”, comenta el autor, quien ha descubierto que la injerencia de España en el Sahara Occidental no tiene más de dos libros donde se registra el hecho. “Es un tema virgen por explotar”.
Juan Cruz señala que ley de la memoria histórica española era necesaria, “es una consideración sobre la época tan negra que fue la posguerra, donde se cubrió de indignidad a mucha gente y esta ley trata de devolvérselas” y con esta aparente reconciliación histórica se levanta el velo a un pasaje histórico que está listo para ser novelado.
Gonzalo Mallarino, quien eligió la reconstrucción de Bogotá, Colombia, en su trilogía Según la costumbre, Delante de ellas y Los otros y Adelaida, afirma que sí hay una tendencia del mercado editorial hacia la novela histórica. “Existe una imposición del mercado, por eso hay que ser cuidadosos con eso” y aunque se desmarca como explorador del género, señala que su reconstrucción de la ciudad colombiana sí implica investigación del lenguaje.
En el momento de las definiciones, William Ospina, quien escribió Usúa para hablar del terror de la Conquista encarnada en un hombre, señala que la novela histórica hoy “es una literatura donde se muestran personajes que existieron y se preocupa de los hechos”, pero si la preocupación del autor es el ritmo y el lenguaje, “estamos frente a una novela”.
Más allá de la crítica al best seller, Pedro Ángel Palou considera que la novela histórica es necesaria, tanto como el rescate de los héroes que construyeron la historia de México, sobre todo con miras a las celebraciones del centenario de la Revolución y el bicentenario de la Independencia. “Estos héroes son los grandes perdedores. Si Martín Luis Guzmán habló de las muertes históricas, yo diría que hay que recatar los sacrificios históricos, lo de Zapata y Morelos es un gran sacrificio. Hay héroes a los que hay que volver porque no hemos resuelto nada de lo que propusieron, si uno lee con cuidado los Sentimientos de la Nación y en realidad se hubiera construido un México justo, no estaría pasando lo que vivimos hoy, si se hubiera cumplido el Plan de Ayala habría una sociedad más justa. Es un cliché decir que si no revisamos nuestra historia estamos condenados a repetirla, pero el asunto es más grave, estamos condenados a no superar nuestras contradicciones” y para exponerlo, ahí esta la novela histórica.

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