
Esas estrellas, aunque siempre están presentes sobre nosotros, en esta época, suelen bajar del cielo y expresarse de diversas formas, texturas y colores, nunca sin dejar de estar sobre nosotros, en las alturas, pero, en el centro del festejo navideño, y siempre generosas, para brindarnos alegría y obsequios que salen de su interior. Son las famosas piñatas.

El español comenzó pues, a reemplazar todo lo nativo y el mejor vehículo para hacerlo fue a través de la fe, mediante los sacerdotes católicos que utilizaban signos nativos para llevar a los habitantes de la región, a que fueran evangelizados. Los curas se hicieron de muchos trucos, inventados unos, importados otros, como la piñata, misma que importaron de la China lejana. La piñata fue un recurso utilizado por los colonizadores para enseñarles uno de los dogmas más complicados: el del pecado y la manera en que Satanás tienta a los hombres. Con la piñata se buscaba que los nativos aprendieran cómo se debe ser fuerte para vencerlo y así fuesen merecedores de los beneficios celestiales.

Desde las alturas celestiales la piñata se enfrenta, en una lucha, contra el hombre. El bien contra el mal. Por eso la tradición da origen a la canción “Dale, dale, dale” puesto que hay que pegarle duro, para vencer la tentación, romper el mal, el que le pega es estimulado por esas canciones y gritos, a poner toda su energía y concentración en acabar con el pecado maligno en forma de piñata.

Es una de las más bonitas y divertidas tradiciones mexicanas de la navidad que se han convertido en un elemento básico de nuestra cultura popular, ya que la misma con el tiempo ha adquirido diversas formas y es utilizada en diversos festejos más allá de los navideños.
Siendo una tradición tan arraigada en nuestro pueblo es que, el Museo de Arte Popular, ha dedicado la época navideña a las piñatas y los artesanos que hacen posibles éstas creaciones tan populares del imaginario colectivo mexicano.

En el patio del MAP, colgadas, más cerca del firmamento nos reciben las piñatas, siendo la que da la bienvenida una interpretación estilo kitsch del Sagrado Corazón que llama la atención sus chillantes tonos verdes y rosas y la firma de sus creadoras “las Pokiankitsch”. Después, muy cerca, extiende sus alas una águila prehispánica de brillantes colores azul, amarillo, naranja y rosa, que resaltan en su cuerpo y cresta, pero llaman más la atención su pico y patas de color dorado. Esta ave es acompañada por un querido personaje mexicano que se hiciera famoso durante el mundial de fútbol México 86, el famoso “Pique”, que sonriente flota sosteniendo una bandera nacional y el tradicional pulque, mientras saluda con una enorme sonrisa.

Una singular creación es sin duda un gallo technicolor que fue elaborado con diversas piezas de plástico zigzagueantes y que le imprimen vida a este tempranero bípedo que custodia a dos piñatas típicas de siete picos. Una de ella abrazó con cada uno de sus picos diferentes colores: azul, verde, naranja, mientras que un círculo de otro color da origen a cada uno de sus picos. La otra no es colorida, pero es elegante, elaborada en color negro, casi por completo y cada pico es decorado con detalles dorados diferentes, es una creación que muchos quisieran que no se rompiera. Otra piñata típica multicolor, flota, pero la diferencia es que a ésta le faltan picos porque, se congeló en el instante en el que los dulces y golosinas caen de su interior.

Así como es divertido romper la piñata, es también el usar la imaginación y creatividad para dar vida a seres mágicos que nos hacen disfrutar y querer a nuestro querido ombligo de la luna.
Si visita la Ciudad de México no dude en admirar esta exposición del MAP que se ubica en las calles de Revillagigedo e Independencia.

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