
El Universal
Sábado 22 de diciembre de 2007
El mural "El canto y la música", uno de los únicos dos que el pintor oaxaqueño Rufino Tamayo pintó de esas dimensiones y se encuentra en la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, recibe tratamiento de conservación, cuyos trabajos culminarán en 2008.
En un comunicado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) explicó que las tareas de restauración son aplicadas por alumnos y egresados de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRYM).
Plasmado en 1933, la pieza de grandes dimensiones localizada en el cubo de la escalera que lleva a la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico de la coordinación referida del INAH, presenta daños severos por graffiti y el paso intenso de personas, por lo que los trabajos han sido difíciles.
El trabajo está a cargo del investigador del ENCRYM, Jaime Cama Villafranca, y después de cuatro meses de trabajo en el espacio ubicado en el Centro Histórico de esta ciudad se han logrado avances importantes en la restauración de esta emblemática obra del siglo XX.
Del trabajo realizado hasta ahora destacan también el proceso fotográfico que se ha levantado, así como la consolidación de la obra en caseinato de calcio.
El mural muestra un proceso de oscurecimiento ocasionado por el deterioro de un polímero aplicado al mismo hace tiempo, y se pudo constatar el color original de la obra gracias a la remoción de un letrero que se colocó encima de la pintura.
No obstante, esta instalación permitió la conservación de esa parte y permitió descubrir que el tono original utilizado por Tamayo (1889-1991) era anaranjado y no marrón oscuro, como ahora luce.
Hasta ahora el proyecto se encuentra en etapa de limpieza y se ha trabajado una superficie de dos por tres metros, misma que se reintegró para apreciar los avances y técnicas utilizadas en los trabajos.
El proceso de restauración concluirá aproximadamente en un año y le devolverá la belleza que caracterizó en un principio al mural.
Para devolver los colores originales, se llevó a cabo un proceso profundo de limpieza para que los especialistas determinen los sistemas químicos que se emplearán para la remoción de esa capa obscura y devolver la luminosidad que en su momento presentó.
A través de observación macroscópica y análisis químicos, como luz ultravioleta, reacciones microquímicas y análisis elemental por DRX (difracción de rayos x), fue posible reconocer las reintegraciones cromáticas que presenta la obra en un 80% de la superficie total, destacó el INAH.
Señaló que debido a su ubicación poco convencional, tanto los trabajos de observación como de restauración presentaron dificultad a lo largo del proyecto. El paso continuo de personas derivó en daños intensos que van desde recargarse en él hasta tachaduras y pintas.
A pesar de que el mural está prácticamente escondido y coincide con el acceso a una escalera, no se libró de sujetos que llegaron a graffitearlo, lo que ocasionó su deterioro y la pérdida de su belleza, explicó Cama Villafranca.
El catálogo de pintura mural de México reporta que el "El canto y la música" es el primero del par pintados por Tamayo bajo la técnica del fresco.
Dueño de un estilo único, Rufino Tamayo, contemporáneo de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, se mantuvo alejado de temáticas políticas que distinguían a los tres gigantes del muralismo mexicano, y por el contrario desarrolló una visión particular del México que vivió.
Junto con otros artistas, se distinguió por la utilización de la técnica conocida como mixografía, en la que sobresale su trabajo titulado "Dos personajes atacados por perros". Sus piezas se han exhibido en museos internacionales como The Phillips Collection y el Guggenheim.
Tamayo nació en la ciudad de Oaxaca el 26 de agosto de 1899 y murió en la Ciudad de México, tras años de vivir en lugares como Nueva York y París, el 24 de junio de 1991.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario