
Encontrado por personal de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, este monolito, considerado como el hallazgo más importante del siglo XX, está cercano a cumplir tres décadas de haber sido desenterrado. Es un monolito ovalado de 3.40 metros de largo por 2.90 de ancho, con un espesor de 40 centímetros y un peso de ocho toneladas. Cargada de mitos y simbolismos que dan cuenta de la grandeza de la cultura mexica o azteca, la Coyolxauhqui, pieza de incomparable valor histórico y artístico, es un mudo testigo de los vestigios del principal templo de la antigua Tenochtitlan. También se expropiaron 40 mil metros cuadrados que dieron paso a la conformación del Proyecto Templo Mayor, a una declaratoria de Centro Histórico y a una historia de hallazgos sin fin. Varias fechas rondan alrededor de su hallazgo, pero esta aventura debió iniciar "por lo menos" dos meses antes de que el ingeniero Orlando Gutiérrez tratara de informar a las autoridades del INAH sobre lo que se convertiría en el descubrimiento más importante del siglo pasado, ocurrido en el Valle de México. Para su "afortunado" identificador, el arqueólogo Martín Arana, lo que pudo suceder hace 29 años, en torno a la aparición del monolito" es que realmente se reportó cuando no quedó otra alternativa. Recordó que Gutiérrez, responsable de la cuadrilla que trabajaba en la zona, se presentó el 23 de febrero de 1978 y habló con él para decirle que hacía dos días que trataba de reportar la localización de una pieza de enormes dimensiones en el citado cruce. Coyolxauhqui, "La de los Cascabeles en el Rostro", Hija de Coatlicue, Asesinada por su Hermano Huitzilopchtli, el Dios del Sol. Se ha establecido que la Coyolxauhqui proviene de la etapa del gobierno de Axaycatil, quien ocupó el señorío mexica entre 1469 y 1480. "El 1 de marzo de 1978 -señaló Arana- es la fecha del verdadero hallazgo de Coyolxauhqui, de su descubrimiento científico realizado por investigadores del INAH. No antes. Hasta esa hora de la madrugada trabajó un grupo de 18 personas, coordinadas por el arqueólogo Angel García Cook y por mí", subrayó. Aunque la zona arqueológica del Templo Mayor nunca dejará de dar sorpresas -cabe destacar el descubrimiento del monolito de Tlaltecuhtli-, para Arana simplemente: "No es lo mismo. Aquello fue una bomba". Se trataba en ese entonces, con Coyolxauhqui, de algo inédito, "una pieza que se había guardado para nosotros casi 200 años".

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