


El Festival Internacional de Cine de Berlín comienza con el estreno de «Shine a light», documental del director estadounidense sobre Los Rolling Stones.Dieter Kosslick quería que la Berlinale de este año comenzara con garra y, para ello, prometió la presencia de los Rolling Stones. La promesa podría haber sido otra pero, sin embargo, le sienta como un guante a la 58ª edición del Festival de Berlín, que acogerá un cartel en el que predominará «la música más que la política», según explicó el director del certamen, Dieter Kosslick. El primer ejemplo de este interés se podrá comprobar esta tarde con la proyección del documental Shine a Light, que se presenta fuera de concurso. Se trata de un largometraje de Martin Scorsese sobre la vida de los Rolling Stones arriba y abajo de los escenarios. El documental está basado en dos conciertos de los Stones en el Beacon Theatre de Nueva York a finales de 2006.
Más allá del glamour, su prestigiosa programación y sus premios, el Festival Internacional de Cine de Berlín es la expresión de la fuerza y dinamismo cultural de la capital alemana, una ciudad profundamente cosmopolita y abierta a las más excitantes vanguardias. En este marco inigualable, es en el que se reúnen, durante once días al año, a mediados de febrero, más de 19.000 profesionales del cine, de más de 120 países, listos para mostrar, discutir, financiar o dar forma a sus proyectos. Y no sólo eso, también hay que tener en cuenta la atención mediática que genera el festival, con más de 4000 periodistas acreditados. La Berlinale, como se conoce al festival, es un mega-evento, y al mismo tiempo es un lugar de encuentros y discusiones, abierto a jóvenes y veteranos artistas y críticos. Y por si fuera poco, con más de 200.000 entradas vendidas, la Berlinale es el festival con más espectadores de todo el mundo, un auténtico delirio para los habitantes de la capital alemana, que participan activamente de la celebración. Durante algo menos de dos semanas, Berlín se convierte en la cuna del arte, el glamour, las fiestas y los negocios del cine.
Ahora que alcanza su 58 edición, el festival presenta más de 400 películas, siendo la gran mayoría de estas premieres europeas. En Berlín se pueden encontrar filmes de todos los géneros, extensión y formato, y para organizar la ingente cantidad de películas presentadas, el festival se organiza en diferentes secciones. La Sección oficial competitiva se reserva para las grandes películas internacionales, Panorama es el lugar para las películas de autores emergentes, mientras el Forum es el territorio adecuado para encontrar películas de filmografías lejanas o formas experimentales. Todas estas secciones tienen sus premios, siendo los más importantes los ansiados Osos que entrega la muestra. Forjado en Oro para el gran vencedor de la Competición y en Plata para el mejor director y los mejores intérpretes. Todos los premios son entregados en el Berlinale Palast, centro neurálgico de la muestra.
La Berlinale se celebra cada año desde 1951, cuando la película Rebeca de Alfred Hitchcock, abrió la primera edición del festival. El festival ha ido surcando la historia del cine, haciendo hincapié en las transformaciones estéticas que ha ido viviendo el séptimo arte, aunque tampoco puede olvidarse el perfil mediático e industrial de la muestra, que en los últimos años se ha visto claramente afectada por el cambio, de marzo a febrero, de la celebración de la gala de los Oscar de Hollywood. Así, el festival ha perdido la condición de escaparate europeo para las películas “de Oscar”, que ahora ha recaído en el Festival de Venecia. Sin embargo, el Festival de Berlín sigue recibiendo a muchas grandes estrellas de la meca del cine, dotando de un toque estelar el frío febrero germánico.
La forma más clara y sencilla de mirar a la historia del festival es hacer un repaso a los ganadores del Oso de Oro de las anteriores 57 ediciones del festival. Así, mientras en los 50 el festival despedía al viejo Hollywood con 12 hombres sin piedad de Sydney Lumet (1957), recibía al cine de la modernidad europeo de la mano de Fresas salvajes de Ingmar Bergman (1958). Testigo que en 1961 recogería el gran Michelangelo Antonioni con La noche. En 1965, la nouvelle vague se impondría gracias al Alphaville de Godard y en 1972, Pasolini vencería con su pícara y subversiva Los cuentos de Canterbury. Los ochenta verían el reconocimiento del gran cineasta alemán Rainer Werner Fassbinder y su filme La ansiedad de Verónica Voss.
Los noventa estarían dominados por la cinematografía norteamericana gracias a la victoria de películas como Grand Canyon de Lawrence Kasdan (1992), Sentido y Sensibilidad de Ang Lee (1993), El escándalo de Larry Flint (1997), La delgada línea roja de Terrence Malick y Magnolia de Paul Thomas Anderson (1999). Finalmente, cabría destacar la edición de 2002 como la primera que vio a un filme de animación, El viaje de Chichiro de Hayao Miyazaki, alzarse con el máximo galardón del festival.
Por otra parte, es destacable el éxito que ha cosechado históricamente nuestra cinematografía en el festival alemán. 1960 dio el pistoletazo de salida gracias a la victoria de El Lazarillo de Tormes de César Ardavin. En 1978 se impondrían, por partida triple, Las Truchas de José Luis García Sánchez, Ascensor de Tomás Muñoz y La Palabras de Max de Emilio Martínez Lázaro. Luego, en 1981, el vencedor sería Carlos Saura gracias a Deprisa, Deprisa, mientras la última gran victoria española la conseguiría Mario Camus gracias a La colmena (1983).

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