A grandes rasgos, la cinta, del director Scott Hicks, un director poco conocido que nunca más volverá a serlo, trata sobre la historia del pianista David Helfgott, un prodigio cuya vida cautivó a Hicks, quien luchó un año para convencerle de llevarla a la pantalla. Por supuesto, la vida no es una vida común y corriente, es la vida de un hijo con un don especial para el piano, que tuvo que luchar contra la formación de un padre descendiente de judíos de la Segunda Guerra, y contra los conflictos emocionales que le dejó el trato con su padre y su decisión por la música... Trata sobre la historia de un pianista con conflictos emocionales, una persona que está en la frontera de la locura y la cordura, un genio que vive en un mundo propio que comparte al tocar su música....En términos reales, en el fondo, y sin pretender dar la solución a esa vida, la película trata sobre el espíritu humano, sobre las respuestas emocionales de todos nosotros ante los problemas, sobre la necesidad de ser reconocidos, sobre el amor y sus diversas manifestaciones -erróneas o no-, sobre el amor a la música sobre todas las cosas, sobre las recompensas, sobre la locura entendiéndola como un estado de latencia en el que hay algo que no se ha resuelto, sobre la imposibilidad de que existan los cambios reales..... Aparentemente, no todos nos podríamos identificar con la historia, pero el director logra narrarla de tal forma que cautiva desde un principio y no te suelta.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario