31 de octubre de 2008

José Luis Rodríguez Ávalos / Lectura y policía


Hoy el hombre es sólo más activo;
ni más feliz ni más sabio que hace 6000 años.
Edgar Allan Poe


Un policía entra en una calle. Va pensando en el cumpleaños número once de su hija mayor. No sabe qué va a hacer porque no tiene dinero. Debe llevarle un regalo porque el año anterior no le regaló nada y así le fue con su esposa. No tanto por el regalo. Todavía conserva el sentimiento de culpa, porque había prometido tantas cosas a su niña al llegar a sus primeros diez años de vida, él quería que fuera algo especial, algo que nunca olvidara la pequeña.
Como la fecha cayó en domingo, era ideal para ir de paseo al zoológico, a los juegos, al cine… Él sacrificaría su fútbol, pero valía la pena, amaba indeciblemente a su hija y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella, más aún tratándose de su décimo cumpleaños.
Le pagaron el viernes. Sábado y domingo estaría franco, así que podía cumplir su propósito de estar con la niña. Ya había visto el regalo que iba a comprarle, lo haría de una vez. Iba a la tienda pensando dónde iba a guardar el regalo para que la niña no lo viera anticipadamente y fuera la sorpresa esperada, cuando se encontró con unos amigos que lo invitaron a echarse unas cervezas; él les explicó que iba a comprar el regalo para su hijita, pero lo convencieron de que fuera después, que ellos mismos lo acompañarían. Ya en el bar platicaron de la niña, él les dijo a dónde la iba a llevar, cómo esperaba hacerle pasar un día inolvidable.
Del bar se fueron a la casa de uno de ellos, porque ya era de noche. El policía sintió que se había emborrachado, decidió ir con sus amigos para ver si se le pasaba un poco la borrachera, para no llegar a su casa en ese estado. Pero allí había más vino y le siguieron. Tuvo que poner dinero, y ya había puesto algo en el bar. De todas maneras calculó que le quedaba suficiente para el regalo.
El sábado por la tarde decidió que ya estaba bueno, se iría a su casa y no se enojaría tanto su esposa puesto que llevaba dinero para el festejo de la niña. Contento se echó “la caminera”. Y bueno, ya encarrerado, una más “para el camino”.
Cuando se dio cuenta, ya era domingo por la tarde, no traía dinero y estaba todavía borracho. Su esposa no lo regañó, pero dejó de hablarle varios días. La niña tampoco dijo nada. De esa manera, su sentimiento de culpa fue mayor.
Acordarse de eso lo hizo volver a enojarse consigo mismo. Ya había recorrido una cuadra, llegó a la esquina y miró las calles tranquilas en esa media tarde, era un rumbo normalmente calmado. Todavía faltaba un par de horas para concluir su turno, así que continuó su recorrido. El resto del día concluyó en medio de pensamientos sombríos.
El día siguiente estuvo peor pues, aunque había pedido el día para pasarlo con su hija, fue llamado de emergencia porque en la calle de sus recuerdos borrascosos se había cometido un homicidio con robo, precisamente a la hora que él estaba pasando por fuera del domicilio donde habían ocurrido los hechos.
Pero él no se enteró de nada, no vio nada raro, ningún movimiento sospechoso, ningún ruido delator, tampoco algún vehículo extraño… De hecho no había visto nada, había hecho el recorrido mirando hacia dentro de sí, metido en sus pensamientos, ajeno al mundo circundante. No podía dar la menor información acerca de los carros estacionados en las catorce cuadras de la calle recorrida, no ya las marcas, modelos, colores y placas, ni siquiera se acordaba de haber visto carro alguno.
Ese policía entró a la corporación precisamente cuando nació su primera hija, pues había que darle de comer y atender sus necesidades. Bueno, de la esposa también, quien había prácticamente sostenido a ambos durante el primer año de matrimonio, lavando ropa ajena y como sirvienta, porque a él le caían pocas chambitas y mal pagadas. Pero ya había cumplido once años de servicio en un trabajo que a veces le parecía aburrido, tedioso, absurdo y que no representaba mucho esfuerzo.
Al principio sí, los llevaban a correr y hacer algo de ejercicio, pero nada del otro mundo. Estar en la policía le sirvió para acabar la secundaria, pero ahora debían tener la preparatoria terminada para entrar al cuerpo de policía. Él tomó algunos cursos y diplomados en la academia, que antes no existía.
Su hoja de servicios era normal, se le consideraba cumplido y, en términos generales, un buen policía. Nada del otro mundo.
El concepto de buen policía no es el mismo en todas las corporaciones. En algunas es asunto de expediente; en otras se toman en cuenta las acciones del individuo a favor de la corporación; en forma extrema, en otras será buen policía a quien no se le ha comprobado que se involucre en actos de corrupción.
¿Pero qué significa ser policía?
Los antiguos griegos, inventores de esta parte del mundo que llamamos Occidente, trataron de establecer normas para que la gente pudiese vivir en conglomerados regidos por un orden, al que llamaron polis.
Esos griegos que 400 años antes de Cristo –un año antes de asesinar (oficialmente, ejecutar) al filósofo Sócrates por razones de estado- ya habían inventado conceptos a los que bautizaron como democracia, filosofía, ética, teología, psicología, etc. Una de esas palabras fue “política”. La política es el concepto de orden que se requiere para que un conglomerado de seres humanos viviese en un espacio donde tienen que interactuar todos los días.
Dar “policía” a una población, a una ciudad, es darle orden. Con el tiempo se fueron profesionalizando las labores concernientes al concepto de ordenamiento y así nacieron las políticas, que son conceptos sujetos a metodología y sistematización para procurar orden tanto en la vida cotidiana de la urbe como en sus diferentes estratos (política educativa, económica, social, etc.); los políticos, personas especializadas en establecer políticas en todos los sentidos de la vida social; policías, quienes tienen a su cargo propiciar y mantener el orden cotidiano.
De esta manera, policía, que es el sentido del orden, se convirtió en sujeto, persona que tiene la responsabilidad de mantener el orden. Así nació una nueva profesión.
Con el paso del tiempo y ante la avasalladora tendencia humana a la violencia, mostrada en forma magnicida en dos terribles guerras mundiales y en un sin fin de guerras raciales, religiosas, étnicas, territoriales, comerciales, económicas, etc., en las que el personaje central ha sido el soldado, el eterno guerrero profesional que representa a la violencia de estado, institucional, se desarrollan cuerpos policíacos cuya función va a ser garantizar la seguridad pública.
Sin embargo, las nuevas necesidades sociales no van a estar acompañadas por un nuevo profesional ni por una nueva visión de la salvaguarda del orden. Mejor preparación de los policías y mejores armas van a ser insuficientes. La violencia, el delito, el desorden van a ser siempre mejores y el representante del orden va a estar siempre a la zaga.
Desde hace varias décadas se descubrió que la policía se había aliado al crimen. Quién sabe cuándo nació la corrupción, pero ésta se vio institucionalizada en la antigua Roma con la ambición del imperio.
México se ha descubierto como un país que ha institucionalizado a la corrupción, que se ha infiltrado en todas las instituciones del Estado mexicano, desde la presidencia, las fuerzas armadas, las policías, la política, el derecho, la misma educación, la burocracia, los sindicatos y hasta en las acciones cotidianas de la gente, que sucumbe ante la cuota diaria de corrupción al pagar un soborno para eficientar servicios, ya sea en oficinas públicas, ante el ministerio público, con los jueces, los ministros, policías de tránsito, federales de caminos, etc.
El ambiente nacional de desconfianza ante la autoridad oficial llega a los rincones más ignorados del país. Tanto la misma autoridad como la ciudadanía menos politizada sueñan con una policía eficaz, menos permeable a la corrupción, confiable.
En la actualidad ya hay academias que pretenden hacer de la labor policiaca una verdadera carrera. Debería ser una carrera universitaria, pero el fracaso de las universidades no da confianza como para encargarle a ese ámbito educativo la delicada tarea de preparar a quienes habrán de salvaguardar los intereses ciudadanos y mantener el orden.
Pero tampoco las academias policiacas han demostrado tener los conocimientos eficientes, suficientes, confiables y oportunos para la formación de buenos policías, o sea, eficientes, suficientes, confiables y oportunos.
Muchos países intercambian los conocimientos que han obtenido y desarrollado en cuanto a educación y formación de policías, cada día se buscan afanosamente nuevos recursos didácticos así como el auxilio de la tecnología y las ciencias para lograr tener –algún día- los policías que demanda la sociedad.
Mientras tanto, países del tercer mundo (¡donde todavía está México inscrito!) viven en el atraso más desgarrador en cuanto a la formación de cuerpos policiacos de vanguardia.
Desafortunadamente los países del área reciben programas de actualización policiaca directamente de Estados Unidos, país que ha demostrado su incapacidad para erradicar la corrupción en sus filas; por el contrario, instaura la corrupción en otros países, puesto que en este rubro tiene amplia experiencia.
La formación de policías en Estados Unidos es errónea, principalmente porque se entiende a la policía como un cuerpo con entrenamiento militar. Lo militar es una de las principales banderas de la corrupción y del atraso humano. El sentido militar desgasta el sentido humano y favorece la pérdida de valores. Lo militar valida lo igual. Lo humano valida la diversidad.
Los seres humanos representamos lo diverso y es en la diversidad donde se encuentra la razón de lo bueno y lo malo. Valores elementales como lo bueno y lo malo no son los mismos para todo mundo; aún cuando podemos ponernos de acuerdo en aspectos convencionales en los que cualquier persona pueda reconocer valores de lo bueno o de lo malo, no se puede elaborar una fórmula universal, cuando mucho un catálogo de valores susceptibles de ser buenos o malos en distintas regiones y culturas del mundo.
Lo que más preocupa de la conducta policíaca es la moral que la sustenta. Se le llama moral a la conducta resultante a partir de una conciencia del papel del individuo en la sociedad. Esa conciencia se despierta luego que el individuo entiende qué espera de él la sociedad donde se desarrolla. Si él exige a esa sociedad servicios, atención, educación y vida digna, no puede menos que ofrecer lo mismo a la sociedad. La conducta resultante será el acto moral, que es de un individuo para su sociedad. Si todos los individuos hacen esa entrega puntualmente, entonces se podrá hablar de una moral social, o sea, el distintivo de esa sociedad, su sello evidente.
La moral se obtiene por acto de conciencia, no puede ser algo impuesto ni es el resultado de la gestión legal, no se consigue con decretos, con reglas religiosas, con imposiciones familiares. Es un acto de responsabilidad individual a partir del interés colectivo, que habrá de reflejarse en la conducta social.
Ética le llamaron los filósofos griegos a la voluntad de servicio, a la moral social que deriva del ejercicio de una profesión y aún al comportamiento del individuo consigo mismo y ante los derechos de los demás. Cualquier profesión puede servir para atender necesidades de las demás personas y para engrandecer al país, pero también puede servir para el enriquecimiento personal. En el primer caso se habla de ética, en el segundo de falta de ética, además de inmoralidad y de deshonestidad.
La honestidad es la decisión que el individuo toma para ejercer en la sociedad como persona. Por lo regular se considera honesta a una persona que se empeña en realizar actividades a favor de la comunidad, pero eso sólo revela cierta conducta filantrópica, una moral de responsabilidad, de entrega a las necesidades de la sociedad. Honestidad viene de honor, y tiene que ver con el individuo, con su propia convicción de realizar acciones a partir de su propia decisión de realizarlas, sea en bien de los demás o propio. De esta manera, será honesta una persona que decide no realizar una actividad, por más que pudiese redundar en favor de muchas otras personas. Pero sería deshonesto quien se compromete a realizar una actividad, a sabiendas de que no quiere o no puede hacerla.
Un político que promete determinadas cosas que finalmente no realiza, es deshonesto. Un médico que, incluso, jura curar con ética, moral y honestidad, cuando utiliza su profesión exclusivamente para lucrar se convierte en inmoral, deshonesto y falto de ética, incluso hay médicos que no atienden a quien no tenga dinero, a quien no les pague.
El engaño, así como el bienestar que le procura a una persona engañar, son elementos de la deshonestidad. Ya se sabe que, en materia de política, no se puede utilizar la palabra honestidad. Por lo menos en esa actividad profesional que ciertas personas ignorantes e impreparadas realizan, aduciendo que trabajan a favor de las demás personas, pero que en realidad sólo buscan su provecho personal. Quién sabe si existan diferentes grados de honestidad, o conceptos diversos del mismo término y así pueda hablarse de una honestidad de la gente metida en la religión, otra honestidad la de quienes darán educación a las nuevas generaciones y otra honestidad la de los políticos. Creo que no. La política profesional se basa en la mentira y allí, por más entusiasmo que una persona pudiese tener en ayudar a las demás personas, al género humano mismo, no podrá lograrlo, porque va a tener que jugar con las reglas de la falsedad de la política. Si un político dice que es honesto, es una más de las mentiras que utiliza en su profesión.
¿Qué se espera entonces de la policía? El problema del policía como servidor público es complejo. Primero porque es una corporación a la que se entrena uniformemente y se espera que tenga reacciones como grupo, pero también individualmente. El entrenamiento con espíritu militar pretende vigorizar las dotes del individuo en varios sentidos: fortaleza física por un lado, que le permitirá tener superioridad ante cualquier ciudadano sin entrenamiento similar; destreza, o sea, la formación de habilidades en el manejo de armas y de uso de su propio cuerpo; tácticas, esto es, capacidad para reaccionar adecuadamente tanto como grupo e individualmente, ante situaciones precisas; valor para enfrentar esas situaciones; coraje para aplicar sus destrezas y llevar a cabo hasta el final su capacidad.
También en el trabajo policiaco hay especialidades, verdaderas carreras que atienden aspectos específicos del quehacer de la policía, desde el trabajo en la calle hasta la medicina forense o la elaboración de retratos hablados.
Los problemas de la policía son muchos, el primero es que depende de los políticos, que son personas altamente falibles. A la policía –y eventualmente al ejército- se le llama fuerza del orden. Tales fuerzas están supeditadas a decisiones externas, en primer lugar juran lealtad a las instituciones del Estado mexicano, al presidente de la República y así sucesivamente al gobernador, al presidente municipal. De hecho, a quien les otorga el presupuesto para subsistir.
Los cuerpos policiacos dependen de los materiales, armamento, vehículos y tecnología que se les permita tener. Normalmente están por debajo de sus necesidades, mientras que la delincuencia suele tener mejores materiales, armamento, etc.
A fin de cuentas, un cuerpo policíaco no debe depender de esos materiales. Un gobierno mal organizado es el que separa sus funciones: la economía por un lado, la salud por otro, la educación por acá, la obra pública por allá, la seguridad pública de este lado, la cultura de aquel otro.
Un gobierno inteligente organiza su proyecto de gobierno enlazando todas las áreas para lograr un mismo fin, el ordenamiento social, facilitando que esos enlaces sean vías de comprensión del universo político, entendiendo que la acción política, el “hacer policía”, es una labor de la sociedad entera y no de una agrupación normalmente ajena a los intereses de esa sociedad.
La idea de democracia es la de participación social. La ciudad, el pueblo, la comunidad, el barrio se construyen diariamente, la actividad de las personas inventan lo cotidiano, tanto lo sustancial como lo efímero, lo tangible y lo intangible, las ideas y las obras. De igual manera lo que se considera bueno junto con lo que puede calificarse de malo.
Una corporación como la de la policía, gente especializada en colaborar con ese orden que la misma sociedad requiere y encabeza, debe ser visualizada desde una perspectiva social que contemple el futuro.
La única forma de contemplar el futuro es mediante la lectura.
Leer tiene muchos significados. Los que aquí privilegio no tienen que ver con la lectura de libros, sino de la realidad. En el caso de la policía tiene que ver, de inmediato, con el significado de “interpretar”, o sea, sacar deducciones a partir de una idea, una propuesta o un hecho.
Las mamás suelen ser duchas en esta especie de arte de la interpretación. Los gestos de los bebés no son siempre iguales, aunque se distinguen por la intención que tienen. La interpretación de esos gestos hace que la mamá actúe en consecuencia, así puede ayudar a su bebé en caso de dolor, ansiedad, hambre o cualquier contingencia por la que esté pasando.
En medicina, al arte de la interpretación se le llama clínica, otra palabra griega que procede de kliné, que significa lecho o cama. Mediante la interrogación o la mera plática, e interpretando los indicios que la persona enferma presenta a simple vista, a través de la palpación y la exploración, se puede llegar a una conclusión médica en torno al padecimiento de la persona.
Fueron famosos aquellos médicos clínicos que leían en el paciente los signos y evidencias patológicos desde que entraban en el consultorio, la forma de abrir y cerrar la puerta, caminar, sentarse, saludar, etc. ya formaban parte del cuadro clínico que comenzaba a elaborar el médico.
A un amigo le ocurrió que, habiéndose caído su esposa, la llevó de emergencia al IMSS con el temor de alguna fractura. Se presentaron en urgencias, un médico pasó a la señora mientras se llenaban los papeles que se requieren en estos casos. Luego, el mismo médico le pidió al señor que pasara, porque leyó desde un principio que estaba pasando por un trance de cardiopatía.
Sin necesidad de asustar a nadie, el médico consideró necesario primero dar entrada a la paciente, porque ese era el motivo de angustia del marido, y después atenderlo a él. La señora salió del hospital a los pocos minutos, mientras que su esposo tuvo que quedar internado. El médico le salvó la vida al leer los signos que presentaba el hombre, actuó de manera eficaz.
En el campo de la medicina, se le llama lectura al hecho de interpretar un estudio de rayos X, un encefalograma, los estudios de laboratorio. Cada vez hay mejores aparatos para la lectura y el diagnóstico, facilitando a las personas que se dedican a la medicina su trabajo ante las personas enfermas. Aunque la tecnología mejora y suele ser más eficiente que los seres humanos, no se puede dejar de lado la eficiencia de médicos, porque los aparatos sirven para evaluar e interpretar, pero sólo las personas toman decisiones.
La persona que va a dedicarse a la carrera policiaca tendrá que ser experta en la lectura.
A pesar de que han pasado muchos años desde que Arthur Conan Doyle creó al sagaz detective Sherlock Holmes (1878), este personaje ha sido un ideal de los cuerpos policiacos. Lo que Holmes hacía en el lugar del crimen era leer el espacio, tomar en cuenta todos los signos que allí se encontraban y luego juntarlos para tener una interpretación correcta. Como si fuera un acertijo o, mejor aún, un rompecabezas, las piezas que podía leer podían dar un resultado inmediato, o bien, anunciarle que faltaba alguna pieza y entonces, con su experiencia y lógica, buscar en el lugar adecuado, que podía encontrarse muy lejos de ese lugar.
A tal grado llegaba su capacidad organizadora, que si leía en el periódico los detalles de un crimen, o escuchaba el relato de testigos, podía organizar aquellos elementos para interpretarlos y dar un diagnóstico, por lo regular imaginaba cómo era el criminal y hasta llegaba a saber su paradero.
Personas como Holmes y otros detectives famosos de la literatura, han existido en la realidad. Antes que Conan Doyle, el iniciador de ese tipo de literatura había sido Edgar Allan Poe, quien en la década de 1830 creó al detective Dupin, quien realizaba sorprendentes deducciones que conducían a desvelar crímenes. Holmes se burla de Poe y de otros escritores similares, a los que considera principiantes. Luego vendrán otros escritores en la misma senda, quienes hablarán ya más científicamente de la mente criminal y de la búsqueda de datos.
Hoy, la policía cuenta con tecnologías avanzadas que ayudan a quienes no tienen la genialidad de Dupin, Holmes y otros detectives de la ficción literaria. Pero esa tecnología no está disponible para todos los cuerpos policíacos porque es una tecnología cara y los gobiernos, sobre todo de países subdesarrollados (¡dónde está México!), no facilitan la investigación científica y tecnológica.
Pero si en la realidad han existido y existen personas con grandes capacidades deductivas, ¿qué las hace diferentes a las demás personas? Por lo regular no han tenido un entrenamiento en criminalística ni cosa parecida. Pueden ver como todo mundo (algunas de esas personas son ciegas o limitadas visuales), cuentan con los mismos “conos” y “bastoncillos” que se requieren para la mirada gruesa y fina. Se supone que la región cerebral que traduce la acción de la vista puede estar desarrollada de otra manera, razón por la que una persona puede recordar cada detalle, por casual y nimio que pueda parecer, obtenido con una sola mirada, para luego traducirlo en una lectura coherente y significativa.
Desde luego, ser policía significa que se comienza a leer de otra manera a la sociedad y a los hechos que la conforman. Hay policías que andando por la calle pueden advertir cuales carros son robados, en qué casas se vende droga, dónde está por ocurrir un hecho delictivo. ¿Y entonces por qué no actúan, por qué no detienen a los infractores, por qué no cumplen con su trabajo de organizadores de la sociedad? La policía no puede actuar de manera libre en la persecución de delitos, ya que la policía actúa dentro de una norma. Delincuentes organizados no tienen por qué sobornar a policías, basta con sobornar a jueces, que son quienes pueden ordenar acciones específicas contra delincuentes.
La corrupción, es verdad, se ha insertado en todo el sistema judicial mexicano y quien lleva la peor parte son los policías, igualmente sobornables, pero legalmente incapacitados para actuar sin una denuncia ciudadana y sin una orden judicial.
El delito es igual que el pecado que preconiza la religión católica: se puede cometer por causa, efecto u omisión. Se ingresa en el campo del delito voluntariamente, cuando se hace premeditadamente, con perfecto conocimiento de causa. Aún cuando el delito es relativo -lo que en algunos países es delito puede no serlo en otros-, existen delitos universales, principalmente aquellos que afectan la dignidad y los derechos de las personas (derecho a la vida, a la libertad, a la expresión, a la felicidad, a la educación, etc.), que tienen paliativos cuando se cometen en minoría de edad, en ofuscación, en enfermedad mental. Pero sí existen personas que delinquen no sólo con conocimiento de causa, sino por gozo; suele decirse que esa conducta criminal es patológica, pero lo cierto es que todas las ciudades la generan. El individuo es reflejo de su medio ambiente, de su cultura. Los criminales son parte –y no excepción- de las culturas.
Se convierte una persona en delincuente también sin haberlo premeditado, accidentalmente, cuando una persona pierde la vida por falta de cuidado, descuido, torpeza de quien se convierte en criminal: una pistola que se dispara sin que hubiese sido la intención dispararla; un accidente de tráfico por alcoholismo, nerviosismo, torpeza, donde ocurre uno o varios decesos; una persona que muere por haber sido empujada durante un juego y se golpea la cabeza contra una pared o contra el piso; etcétera
Más penoso es el caso del delito por omisión, cuando se pudo haber hecho algo por una persona y no se hizo, causándole mayor daño o hasta la muerte, como podría ocurrir en un hospital donde no se da servicio a un herido o a un enfermo porque no tenía dinero para pagar. El mismo caso de una pistola dejada en un cajón, donde algún niño puede agarrarla y dispararla, hiriendo o matando a alguien, a sí mismo.
La lectura es, en relación con el delito, el elemento que sirve como prevención. Se supone que el sentido común impedirá que un señor deje una pistola cargada en un lugar accesible a los niños, y una madre tampoco dejará a la vista los cuchillos. Pero no será el sentido común el que rija los actos de las personas para evitar los actos delictivos.
La lectura es factor de anticipación, prevé, imagina las consecuencias de todo, capacita para actuar oportunamente, da seguridad para existir confiadamente. Lo peor del mundo moderno son las ciudades inseguras, donde la gente vive con desconfianza. El proceso de la lectura, lo primera que brinda, es confianza; pero también aporta los elementos necesarios de oportunidad y eficacia para evitar acciones delictivas, propias y ajenas.
Algunas policías del mundo están trabajando en ese sentido de la lectura. Se parte del principio del entrenamiento sensorial, los sentidos nos dan más información de la que suponemos y es por eso que no sabemos procesarla adecuadamente.
Policía profesional tendrá que ser una persona que transforma en lectura lo que ve, lo que oye, lo que toca y olfatea, lo que degusta y lo que siente. Tendrá que prestar atención también a lo que presiente. El presentimiento desarrollado sirve para salvar vidas. Resulta que el presentimiento nos lleva a poner un pie en el futuro, a adivinar. La lectura del futuro es una especulación acerca de lo que puede suceder y, con cierta información previa, se puede asegurar lo que ocurrirá en los próximos minutos en forma detallada.
Sueñan los científicos con máquinas así de seguras, que puedan predecir un temblor o la erupción de un volcán con la suficiente antelación como para poner a la gente a salvo. Pero hay anuncios de desastres en el aire, en el volar de los pájaros, en el comportamiento animal, en el clima. Quien sabe leer esos signos puede actuar en consecuencia.
¿Cómo entrenar a personas en el sendero de la lectura? La construcción de un andamio de interpretación es algo usual para gente que piensa, como quienes ejercen la filosofía o la psicología o la crítica. Periodistas, médicos, sociólogos son, por esencia, gente que especula, que miran hacia el futuro e interpretan indicios. Quien está en la policía debe ser más eficiente que profesionales del pensamiento y del accionar humano.
Quizá esté hablando de una policía creativa, lejos de los prejuicios que años y años de cine policiaco ha engendrado en la sociedad y en las corporaciones, lejos del policía duro que tiene que fumar y tomar alcohol para que se la crean, lejos del policía golpeador, imagen del guerrero que hace justicia a pesar de todo y por sobre quien se le ponga enfrente.
Para ser policía no basta con haber terminado la preparatoria; para generar una buena policía no bastan academias que imitan cursos del extranjero. Una policía creativa sólo puede surgir de una enseñanza creativa, de un entrenamiento creativo. Esa educación, por tanto, habrá que crearla a la medida de las necesidades de cada pueblo, de cada ciudad, de los municipios y estados.
La actual policía, señoras y señores, es de aficionados. Puede jugar a los policías y ladrones y, de pronto, ser la misma cosa. Pero no puede, así como está, organizar ni proteger a la sociedad que le paga y, por lo tanto, es una policía demasiado cara.

2005

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Atte: Tramoyam.

EL AUTOR

MÁS DE 30 AÑOS EN LOS ESCENARIOS:

Martín Hernández Molina: oriundo de Hidalgo del Parral, Chihuahua; México (1964). Egresado de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua 1994-1999 (Cédula 9024413). Candidato a obtener el grado de la Maestría en Artes por la Universidad Autónoma de Chihuahua (2015).

EXPERIENCIA ARTÍSTICA DESDE 1980

ACTUACIÓN: más de 46 obras destacando, entre otras, en “Los Lunes Salchichas” de Rafael Solana; “Entre Bobos Anda el Juego” de Francisco de Rojas Zorrilla; “Los Granos de Oro y el Resto del Tesoro” de Manuel Talavera; “Petición de Mano” de Antón Chejov; “El Rastro” de Elena Garro; “Donde Canta la Gallina” de Manuel Talavera; “Electra” de Sófocles; “Los Caballeros” de Aristófanes, “Tomochic: el día que se acabo el mundo” de Joaquín Cossio y “Entre Villa y una Mujer Desnuda” de Sabina Berman. Ha trabajado con directores como: Manuel Talavera Trejo, Mario Humberto Chávez (+), Fernando Chávez Amaya, Gerardo Castañeda López, Adolfo Barraza Orona, Adriana Barraza y Pedro Kóminik.

PRODUCCIÓN Y CREATIVIDAD: diseño y realización en más de 85 producciones escenográficas, de utilería, vestuario, maquillaje, iluminación y audio entre otras: Ópera “Elixir de Amor” de Gaetano Donizeti; Ballet “Alicia en el País de las Maravillas”; Zarzuela “La Muda” de Guillermo Ramos; “Pastorela Mexicana” de José Pérez; Teatro Infantil “Merlyn y la Espada Mágica”; “Antígona en Nueva York” de Janusz Glowacki, “Antígona” de Sófocles, “Mujeres en el Encierro” de María Morett y la más reciente “La Ginecocracia” de Aristófanes. De 2005 a 2010 y 2015 producción artística del Festival Internacional Chihuahua "Encuentro en la Cultura" de Gobierno del Estado destacando los homenajes a: Lucha Villa, Víctor Hugo Rascón Banda, Erasmo Palma, Luis I. Aragón, Rigoberta Menchu, Jaime Almeida, Elsa Aguirre, Juan Quezada, Aarón Hernán y Carlos Montemayor; Los conciertos de: José Carreras, Plácido Domingo, Sarah Brightman, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Filippa Giordano, Emma Shapplin, Alessandro Safina, Mario Frangoulis, Concha Buika, Ramón Ayala, Alex Lora y El Tri, Omara Portuondo, Eugenia León, Baaba Maal, Lila Downs, Willie Colón y nuevamente José Carreras en 2015. En el 2001 Padrino Técnico del Teatro de la Ciudad, administración del Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua; en el 2007 del Centro Cultural Paso del Norte (Teatros Víctor Hugo Rascón Banda y Experimental Octavio Trías) administración del Instituto Chihuahuense de la Cultura de Ciudad Juárez, Chihuahua. En 2009 Homenaje y develación de la escultura monumental "La Caponera" de la Grandota de Camargo Lucha Villa. Carros alegóricos-deportivos del Aniversario de la Revolución Mexicana (20 de noviembre) para el Instituto Chihuahuense del Deporte y la Cultura Física 2011, 2012 y 2013.

DIRECCIÓN ESCÉNICA: más de 53 obras llevadas a escena, sobresaliendo: “Ahí Vienen los Aleluyas” de Gerardo Velásquez; Revista Musical “Quirar 93” de Jorge Quiroga; Pastorela “Pedir sin Merecer o Los Cofrecillos del Diablo” de Virginia Hernández; “La Fábrica de los Juguetes” de Jesús González Dávila; “Funeral Home” de Walter Beneke; “Antígona en Nueva York” de Janusz Glowacki; “Antígona” de Sófocles; “El Mago de Oz” de L. Frank Baum; “Feliz Navidad Señor Scrooge” de Charles Dickens; “Pinocho” de Carlo Collodi; “Sex o no Sex. Ésta es la Cuestión” de Tomás Urtusástegui; “Caperucita en el Bosque” Original del francés Charles Perrault; “Blancanieves y la Manzana Verde” Original de Hermanos Grimm; “Mujeres en el Encierro” de María Morett; “Caras Vemos Mitotes no Sabemos” de Rubén González Garza; “Grillo y las Enseñanzas de Merlyn”; “La Ginecocracia” de Aristófanes; “Mano dura” y “Donde canta la gallina” ambas de Manuel Talavera Trejo; "Los muertos antes de muertos" de Constancio S. Suárez; “Nocturno de la alcoba” de Mario Cantú Toscano; "Tambores de Guerra: juicio a Felipe Ángeles" de Fernando CHávez Amaya.

DOCENCIA: Tecnológico de Monterrey Campus Chihuahua (Compañía de Teatro Infantil de la dirección de Difusión Cultural y Asuntos Estudiantiles DAE desde el 2003); Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua (Taller de Montaje, Proyectos y Gestión Cultural, Estudios Multidisciplinarios de la Cultura, Técnicas y Teorías de la Actuación desde el 2004); Licenciatura en Educación Artística (Lenguaje Corporal, Actuación y Producción); Cursos Propedéuticos desde el 2009. Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua (Para-escolar de Teatro en el Plantel 10 desde el 2012 y en Casa de la Cultura 2015); Talleres y Diplomatura en Producción Artística para maestros 2014. Miembro de la Comisión de Pares Académicos Externos (CPAE), del Comité de Artes, Educación y Humanidades (CAE y H) de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), invitado al proceso de Evaluación Diagnóstica del programa educativo de la Licenciatura en Artes Escénicas: Actuación, ofertado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes (2015); Licenciatura en Actuación de la Universidad Veracruzana (2016).

ENCUENTROS Y CONCURSOS CULTURALES: escuelas primarias, secundarias y preparatorias. Concursos internacionales del Siglo de Oro Español en el Paso, Texas. Muestras Municipales y Estatales de Teatro. Festivales Nacionales de Teatro en Tijuana, Baja California; Monterrey, Nuevo León; Hermosillo, Sonora; Toluca, Estado de México y San Luis Potosí. Jornadas Villistas. Congreso Iberoamericano de Teatro Universitario en Morón provincia de Buenos Aires, Argentina (1999), y Santa Ana de Coro, Venezuela (2006) entre otros en la ciudad de Chihuahua. Encuentro de los Amantes del Teatro del ITI-UNESCO en la Ciudad de México (2007), Santa Martha y Aracataca Colombia (2007). 2o Encuentro de "AIRES" Asociación Internacional de Recintos de Espectáculos Artísticos y Culturales (2011).

INSTITUCIONES: privadas, gubernamentales e independientes como el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios 122 (CBTIS 122); Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios 86 (CETIS 86); Instituto Nacional de Educación Para los Adultos (INEA); Instituto Chihuahuense de la Cultura de Gobierno del Estado (ICHICULT); Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); Facultad de Artes (Instituto de Bellas Artes) de la Universidad Autónoma de Chihuahua (FA-UACH); Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua (Planteles 1 y 10); Secretaría del Medio Ambiente (SEMARNAP); CERESO de Chihuahua de Gobierno del Estado; Centros Comunitarios; Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua; Casas Comerciales; Asociación de Maquiladoras de Chihuahua A.C. Escuelas jardines de niños, primarias y secundarias. Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua; Impulsa; Gobierno del Estado de Chihuahua. Presidencias Municipales de Aquiles Serdán, Parral, Delicias y Chihuahua. Instituto Tecnológico de Monterrey, Campus Chihuahua. Universidad Autónoma de Aguascalientes y Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior, A.C. (CIEES); Universidad Veracruzana y Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior, A.C. (CIEES).

ADMINISTRACIÓN Y PROMOCIÓN: Comité de Apoyo al Programa Permanente de Teatro (CAPROPET) del Instituto de Bellas Artes; Congreso Iberoamericano de Teatro Universitario Chihuahua (AITU); Festival Internacional de la Cultura y las Artes “ARTEULALIA” 2002, 2003 y 2004; Jefe de foro del Teatro de la Ciudad del Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua; Homenaje 2004 al Maestro Mario Humberto Chávez; Director Administrativo del Comité de las Artes (COMART), Asociación Artística Cultural Independiente y Homenajes 2005 a los Maestros Salvador Lomelí Orozco, Oscar Erives Escárcega y Noé Antonio Alvarado Lozano. En el Grupo “Amigos de Nacho Medrano” homenajes a Nacho Medrano y a Conchita de Mendoza. Jurado calificador del Programa de Apoyo a Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) 2013. Coordinador Poligonal del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, "México nos Mueve la Paz" Chihuahua 2013-2014 con la Universidad Autónoma de Chihuahua. Coordinador de Carrera de la Licenciatura en Teatro, Consejero Técnico; Jefe de la Unidad de Proyectos de de la Secretaría Administrativa y Secretario Técnico de la Facultad de Artes de la UACH 2013-2016. Jurado Calificador de la "Medalla al Mérito Cultural del Estado de Chihuahua "Víctor Hugo Rascón Banda" 2014, que otorga el Poder Legislativo a través del Congreso del Estado, el Poder Ejecutivo por medio del Gobierno del Estado y el Poder Judicial por parte del Supremo Tribunal de Justicia del Estado. Miembro del Consejo PACMyC Chihuahua. Miembro Fundador del Colegio de Profesionistas del Arte de Chihuahua A.C. (2012-2016).

Martín Hernández Molina en Universidad y Conocimiento de la FAUACH

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