Ataviados con dramáticos trajes salpicados de sangre ficticia, los trabajadores de La Scala subieron al escenario para expresar su frustración tras cancelarse las últimas tres funciones de La viuda alegre debido a una huelga.Pero la protesta del miércoles por la noche en la afamada ópera milanesa no iba dirigida a la gerencia del teatro, sino a un pequeño grupo de artistas de La Scala cuyo rechazo a un nuevo contrato aprobado por el 90% de los empleados amenaza la gala inaugural de la temporada el 7 de diciembre, el evento cultural más esperado del calendario citadino.
La gala inaugural nunca ha sido cancelada y los ensayos de Don Carlo, bajo la dirección de Daniele Gatti, han seguido sin interrupción.
Este es el segundo año consecutivo que los conflictos laborales empañan la temporada de La Scala. El año pasado una huelga mayor de trabajadores en busca de un nuevo contrato llevó a la cancelación de varias presentaciones del Requiem de Verdi, dirigido por Daniel Barenboim. Pero el estreno de La Scala se salvó.
El vocero de La Scala Carlo Maria Cella dijo que tres de cuatro sindicatos del teatro aprobaron el nuevo contrato el 30 de julio. El acuerdo luego fue ratificado en una votación por 713 de los 804 empleados de tiempo completo de La Scala.
Cella dijo que el contrato de cuatro años contiene salarios y beneficios valorados en 14.5 millones de dólares. Sin embargo, un sindicato que representa a 110 miembros del coro y la orquesta se ha negado a aprobarlo.
Sus miembros buscan incrementar su porción sobre derechos de transmisión por televisión y radio así como una compensación adicional en días en que se extienden sus horas de trabajo por ensayos y actuaciones, dijo el representante sindical Giuseppe Nastasi.
Mientras el sindicato de artistas ha puesto la gala inaugural en el calendario de la huelga, aún debe confirmarlo en una votación.
Pero la amenaza preocupa a cientos de trabajadores tras bambalinas, que se manifestaron el miércoles por la noche tras una pancarta que proclamaba ''Futuro incierto en La Scala''. Muchos llevaban batas negras y máscaras blancas salpicadas de sangre de utilería, y blandían grandes billetes de a dólar para expresar su descontento con el grupo en resistencia.
Dijeron que no sólo el estreno estaba en riesgo, sino también los trabajos de 150 empleados temporales.
No se han programado nuevas negociaciones de contrato. La directora de la ópera, Stephane Lissner, ''ha determinado que no hay más lugar para la negociación'', dijo Cella.
La frustración, entretanto, ha llegado a la comunidad amante de la ópera. El sitio web La voce del Loggione (La voz de los balcones) ha publicado un llamado a las partes para que dejen a un lado sus diferencias.
''La Scala necesita reconstruir un clima de discusión civilizada, donde aun los conflictos pueden existir como una expresión normal de un organismo vivo y no como un mal que destruye los valores artísticos y civiles'', dice el llamado del grupo.

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