
El idioma, es decir, la lengua, como sistema conceptual y patrimonio intangible de la sociedad, se refleja en el aspecto sexual que motiva diariamente a los mexicanos, con particular atención a la sintaxis de la semántica, a través de las cuales se plasma el mundo erótico.Así lo señaló la maestra Concepción Company, Miembro de Número de la Academia Mexicana de la Lengua, historiadora medievalista, ensayista y difusora de los conocimientos filológicos más destacados, al participar en la mesa El sexo en la lengua, en la Feria Internacional del Libro (FIL).
La lingista explicó hoy que la lengua es el sistema que mejor permite acercarse a la organización conceptual del ser humano y a su visión de mundo, de actuar, percibir y de sentir. "Otorga identidad, y proporciona pertenencia de grupo, por eso es tesoro intangible de los seres humanos", dijo.
Tras ubicar a ese mundo erótico mexicano de todos los días, Company se refirió a algunos identificadores lingísticos sexuales del español de México. Habló del "verbo coger y la forma en que adquirió el sentido de realizar el coito en el español de México, hecho que viene de la Colonia" (1521-1821).
Luego, la historiadora habló sobre el uso de diminutivos por los mexicanos, y cómo se emplean en el contexto de la vida erótica y la vida sexual, y por último analizó la obsesión de afectación sexual, casi siempre del hombre hacia la mujer, "que permea la sintaxis diaria del español de México".
En la mesa participaron Alex Grijelmo, de la FUNDEU y la agencia de noticias EFE, de España; Concepción Company, de la Academia Mexicana de la Lengua; el escritor colombiano Daniel Samper; y la escritora argentina Luisa Valenzuela. Moderó la periodista Lydia Cacho.
En ese punto, Cacho hizo notar que en esa reunión, donde las hormonas estuvieron a flor de piel, se dejaban escuchar con regular frecuencia los timbres insistentes de los teléfonos celulares. "Para estar a tono, ¿por qué no activan sus aparatos en función de vibrador?".
Se recordó que el año pasado, durante la FIL se realizó una mesa similar que se llamó "Cómo chinga..s hablamos el español".
La palabra "chinga..s" convocó a cerca de dos mil personas. Los panelistas de hoy coincidieron en que si ese encuentro se hubiese titulado "Variedades dialectales del español en América Latina", habrían llegado tres personas nada más. Hoy, el Auditorio Juan Rulfo estuvo a su máxima capacidad.
Ante ese éxito, se pensó repetir este año con una experiencia más o menos en el mismo tono. Y así, hoy, en el panel se presentó El sexo en la lengua, aunque hubo quien, confundido, pensó que se llamaba La lengua en el sexo, según pusieron de manifiesto los intelectuales del idioma.
Lydia Cacho señaló que "hemos llegado aquí traídos por la lengua y el sexo, dos cosas que a casi todas las personas les interesan, de manera diferente", por lo que se manifestó honrada. Generalmente, aseveró la periodista, la gente le pregunta sobre "los horrores de la sexualidad".
En cambio, agregó, "este día estamos aquí para gozar, entender y aprender un poco más sobre cómo se ha construido la sexualidad en el lenguaje y cómo el lenguaje construye, reconstruye o destruye nuestra manera de ver el erotismo y la sexualidad". Luego le dio la palabra a Luisa Valenzuela.
La escritora suramericana, quien tiene novela, cuentos y ensayos en su amplia bibliografía, se refirió a que viene de un país muy particular, en el que, a diferencia de México, no se pueden decir ciertas palabras como "cajeta", "concha", "cachucha", "conchudo", "tortilla", y menos aún, "tortillera".

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