El Financiero en líneaMéxico, 13 de febrero .-
El pintor paxaqueño Francisco Toledo será homenajeado próximamente en el marco de la celebración de los 20 años del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO).
Patricia Mendoza, directora del IAGO, dijo que "celebrar los 20 años del instituto es recordar dos décadas de esfuerzos constantes y continuos, pero también significa festejar a personas que logran crear un proyecto que cambia a la sociedad en que se encuentra. Una de ellas es el artista plástico Francisco Toledo", de acuerdo a un comunicado del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Desde su faceta de coleccionista, Toledo impulsó, hace 20 años, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, que ha ido creciendo al paso del tiempo hasta conformar una de las colecciones de artes gráficas más importantes de Latinoamérica, añadió Mendoza.
Un centro cultural con una biblioteca especializada en arte, un cineclub (El Pochote), un centro fotográfico (Manuel Alvarez Bravo), una fonoteca (Eduardo Mata) y varias galerías para exposiciones temporales.
Mendoza habló al presentar la Carpeta Conmemorativa del XX Aniversario del IAGO, en el Museo Nacional de la Estampa, recinto del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) que alberga una selección de 45 obras, pertenecientes al acervo del recinto oaxaqueño, realizadas por Sergio Hernández, Demián Flores, Dr. Lakra, Guillermo Olguín y Francisco Toledo.
"Es una carpeta sorprendente por la heterogeneidad de sus autores y en su concepto basada en distintos puntos de vista", señaló.
La gráfica -afirmó- es una huella, una cicatriz, como la memoria de un pueblo, y así lo plasma el poeta Jorge Fernández Granados, quien fue invitado a escribir un texto para la carpeta.
Fernández Granados coincidió en que se trata de una celebración en varias vertientes, entre ellas la existencia de un ser: Francisco Toledo, en cuyo fundamento creativo se resuelven y se persiguen grandes metas.
"El IAGO y todo lo que conjunta no serían posibles sin él. Y habría que recordar que todo lo que se ha convertido en una institución ha tenido origen en un individuo, en una persona con capacidad, visión, que reúne voluntades a su alrededor. Entonces, festejamos el espíritu pionero de Francisco Toledo", adujo. (Con información de Notimex/JOT).
(Juchitán, Oaxaca, 1940) Polifacético artista mexicano, considerado el más destacado del país, que ha trabajado con extraordinario colorismo la acuarela, el óleo, el gouache y el fresco, pero también la litografía, el grabado, el diseño de tapices, la cerámica o la escultura en piedra, madera y cera, buscando siempre renovar formas y técnicas. Hombre comprometido con sus orígenes indígenas, es uno de los máximos promotores de la defensa del patrimonio artístico del estado de Oaxaca.Desde muy pequeño Francisco Toledo demostró una especial habilidad para el dibujo, y su padre alentó esa temprana tendencia al ceder a sus colores las paredes de la casa. Su abuelo Benjamín, zapatero del pueblo de Ixtepec, multiplicó su imaginación con salidas campestres en busca de resina vegetal, perladas de relatos populares en los que los seres fantásticos se entremezclaban con todo tipo de animales y personajes legendarios.
Francisco Toledo
A los once años se instaló en la ciudad colonial de Oaxaca, para cursar la escuela secundaria. Y después en México, D. F., para tomar clases en el taller de grabado de la Escuela de Diseños y Artesanías, con la experiencia de haber realizado sus primeros grabados en el taller oaxaqueño de Arturo García Bustos. Con apenas diecinueve años, expuso sus obras en México y en Fort Worth (Texas).
El gran contraste y el mestizaje enriquecedor se produjeron entre 1960 y 1965, cuando Toledo vivió becado en París para estudiar y trabajar en el taller de grabado de Stanley Hayter. A los tres años de estar en Europa presentó su primera muestra en una galería parisiense; un año más tarde expuso en Toulouse, pero también en la Tate Gallery de Londres, con catálogo escrito por Henry Miller, y en Nueva York. En Francia fue reconocido en seguida como un artista singular, especialmente celebrado, como escribió André Pierre de Mandiargues en 1964, por su «desarrollo de lo mítico» y su «sentido sagrado de la vida».
Regresó a México con una técnica pictórica depurada que no dejaría de enriquecer, así como con la influencia de ideas plásticas de artistas de distintas escuelas europeas, como Alberto Durero, Paul Klee o Marc Chagall. Aunque, en realidad, su mayor influencia provino de los códices que recogieron los símbolos prehispánicos: con todas sus formas rabiosamente contemporáneas, el artista será un tlacuilo, un moderno e ilustre pintor de códices, y un chamán dispuesto a purificar el espíritu para devolver el goce al cuerpo.
A partir de entonces se dedicó a crear febrilmente, y sus exposiciones se multiplicarían de Nueva York a Tokio, de Oslo a Buenos Aires, y siempre en Oaxaca. No obstante, los críticos consideran que nunca se ha preocupado de promover su obra, y mucha de ella pasa directamente a manos de coleccionistas que la adquieren por adelantado. No en vano, en octubre de 2004 presentó su primera exposición en diez años, «Pinturas recientes de Francisco Toledo», en la Latin American Masters de Beverly Hills, California.
Una estética particular:
Toledo recupera técnicas antiguas e investiga con otras nuevas, tanto en la pintura como en la escultura y la cerámica. Diseña tapices que realiza con los artesanos de Teotitlán del Valle. El color y la riqueza étnica y cultural de Oaxaca catalizan su creatividad y su obra, como la de tantos otros artistas plásticos locales y extranjeros. En 1977 viajó a Nueva York, ciudad a la que regresó en 1981 para ampliar sus técnicas en la cerámica. Un año antes, el Museo de Arte Moderno de México había organizado una gran exposición retrospectiva de su obra. En 1983 presentó el libro de grabados originales El inicio, e inició también una larga carrera como editor. En 1997 presentó en México las exposiciones (y los libros) «Zoología fantástica», a partir de textos de Jorge Luis Borges, e «Insectario», mientras encandilaba en la Bienal de Venecia con las esculturas de la titulada «La fragilidad del alma».
Visita al penal (2002), óleo de Francisco Toledo
Los críticos resaltan que el modo obsesivo con que el artista trabaja las texturas y los materiales, tales como la arena o el papel amate (el papel precolombino, hecho con corteza machacada del árbol llamado amatl o amate), así como la maestría con la que materializa su creación consiguen el efecto de que su obra parezca vibrar como si la criatura híbrida de animal y hombre, o el insecto, o la iguana, o cualquiera de sus seres tropicales pugnaran por cobrar vida real. Esa sensación inquietante que percibe el observador de la obra acaba por meterlo irremisiblemente en la visión, en el realismo fantástico del autor.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario