


La larga batalla del bien contra el mal empieza desde el miércoles, cuando se encienden las fogatas en diversos puntos de Chihuahua. Los tambores tradicionales, hechos de cuero de chivo y pino, suenan hacia los cuatro puntos cardinales, la celebración de los días santos ha comenzado, esa noche hay que descansar temprano, para preparar el cuerpo y el espíritu para los siguientes días.
El Jueves Santo, en uno de los principales asentamientos Tarahumaras de Chihuahua capital,se reúnen temprano,
donde los pintos, haciendo honor a su nombre, dibujan en todo el cuerpo manchas blancas con piedra de cal disuelta en agua, que secan al sol o al calor de las hogueras en espera de la señal para salir a bailar con sus huaraches de suela de llanta y cuero.
Donde son recibidos por el padre de la parroquia que les da la bienvenida y los invita a pasar, entran bailando al sonido de los tambores y de la flauta hasta llegar al altar, donde la mayoría de las personas que están en la capilla son Tarahumaras, miran con mucho respeto y fervor a los bailarines, hasta que empieza la misa.A mitad de la misa dice el padre, "Tal vez esto no lo entiendan, pero es un acto de humildad y fe" se refiere al lavado de los pies, el párroco forma a los bailarines y se inca para empezar a lavar los pies a cada uno de los Tarahumaras.




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