
Sonia Sierra
El Universal
Tin Tan en versión caricatura. Tin Tan como el romántico, el rey del barrio, el pachuco, el músico-poeta-loco. Tin Tan a un lado de la célebre frase “Mátenme” o invitándonos a votar por él. Más vale tenerlo cerca, parecen decir los miles de fans —jóvenes y citadinos del centro, el occidente y el norte de México— que literaria y literalmente se han puesto la camiseta del cómico.
Tarjetas telefónicas (ya fuera de circulación), discos, libros, llaveros, tazas, ceniceros, camisetas, trajes —éstos últimos de venta sólo en Estados Unidos— han acogido la imagen del Rey del Barrio.
A la par, en años recientes cd, talleres de baile, festivales y exposiciones han revivido un estilo y llevado otra vez las miradas hacia sus filmes, su manera de ser, su música.
Lo reciente es el Festival Tin Tan Escooltural que incluye la exposición “Lo oculto y lo expuesto”, que presenta el Museo del Estanquillo (el programa de actividades en diversos recintos del Centro Histórico se retomará cuando pase la contingencia por la influenza).
Ante tal auge, Rosalía Valdés, hija del actor se pregunta: “¿Qué ha visto cada joven en Tin Tan para que hoy se atreva a vestirse de pachuco?” Hay una recurrencia muy especial en torno a él, que incluye además libros, análisis cinematográficos y tesis, explica la propia Rosalía, quien es autora de La historia inédita de Tin Tan (Planeta) y quien en el marco del festival Escooltural presentó el disco Pachucokids.
Valdés dice que ella y su familia —quienes tienen los derechos de uso de imagen y marca, del nombre— se han propuesto, con los años, preservar el legado de Tin Tan y respetar las peticiones que aquel hizo en su testamento.
“Nosotros, la familia, no somos comerciantes. Con una oficina de abogados con la que llevamos 14 años trabajando aquí y en Estados Unidos, hemos podido respetar la voluntad de mi papá de cuidar su obra, no sólo el archivo de fotografías y objetos que ahora se prestó para las exposiciones, sino todo un concepto de la comedia, de cómo le hubiera gustado a él que se tratara su imagen. Nos preocupamos porque no se convierta en algo comercial”, dice.
En promedio, explica Valdés, al año se reciben dos o tres propuestas para hacer libros, y otro tanto para productos varios. Con la empresa Mission Brand, desde hace cuatro años firman cada seis meses un contrato por las playeras, cuya línea más reciente se llama “Las Clásicas de Tin Tan” e incluyó 14 prendas.
Con tres marcas de Estados Unidos, se tienen firmados contratos para trajes. Valdés recuerda que dos de ellas son El Suavecito y Qvo. Los trajes, al estilo pachuco no se comercializan en México, pero las marcas los venden desde internet. Esas tiendas venden todo un conjunto de prendas —sombrero, cadenas, zapatos— que mantienen vivo el estilo.
Otro de los objetos que se vende es un muñeco, con sonidos, similar al que se diseñó de Pedro Infante. Con autorización para el uso del nombre se han sacado otros “recuerdos” llevados al Museo del Estanquillo, como tazas, llaveros, cachuchas y cuatro personajes pequeños de las películas El Ceniciento, La Marca del Zorrillo, El Rey del Barrio y El Bello Durmiente, que no están en ninguna otra tienda.
“Para las familias de estas figuras es muy delicado, algunas pareciera que quieren comercializar con los artistas y se malinterpreta la defensa. Como a veces hay controversias, muchos hijos, eso provoca muchos problemas. Mi papá dejó un testamento a sus hijos menores, mi hermano y yo. No dejó coches, terrenos, dinero. Lo que dejó lo guardamos, y está expuesto en el Museo El Estanquillo”, dice Valdés, sin precisar a cuánto asciende, por ejemplo, el contrato con Mission Brand.
Que Tin Tan trae respuestas a las distintas generaciones es algo que Rosalía Valdés ha aprendido al ver este interés que grupos como Maldita Vecindad, entre otros, manifiestan:
“Tin Tan es un pachuco que viene desde los 40 aquí a la capital, pero trae a un personaje que es desconocido para los capitalinos, que representa la unión de dos culturas. Hoy, si no mezclamos idiomas como él lo hizo —y entonces no se debía—, no tendríamos manera de comunicarnos”.

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