Esta exposición es un tributo a Chihuahua, como una muestra de gratitud por los treinta años de generosa acogida al autor y a su familia.
El autor comenta "una noche de septiembre de 1979 en el Centro de Integración Social Erendira de Guachochi, a donde llegue para trabajar con los Tarahumaras, aprendí a escuchar mi corazón".


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