El Heraldo de Chihuahua10 de septiembre de 2009
Aracely Sánchez Ruiz
Chihuahua, Chihuahua.- ¿Qué tienen en común Santa Rita, Martín Luis Guzmán y Pascual Orozco? Quizás parezca que nada, pero tienen algo: la calle Primero de Mayo, donde se asientan un templo, una fuente y una plaza con esos nombres.
Desde la avenida Melchor Ocampo o De Oriente hasta la calle 36, la antigua Alameda de Santa Rita, cuyo actual nombre se le dio en 1947, tiene lo suyo. Por ejemplo, fíjate en esa hermosa finca ubicada en la esquina con la Ocampo, que hoy alberga unas oficinas; ahí se combina la arquitectura de principios del siglo pasado con otra más moderna.
Ahí tienes también la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, por sus siglas en inglés) mejor conocida como la Guay. Una centenaria institución deportiva, educativa, social y cultural, cuyo principal interés radica en servir a la comunidad, fiel al lema de "Para que todos sean uno". Y más adelante puedes admirar el templo de Santa Rita, el segundo más antiguo actualmente, consagrado a la que por tradición es la patrona de Chihuahua y cuya fiesta se celebra con una gran feria cada mes de mayo, además de la verbena popular que se organiza el mero día 22, para lo que se cierran las calles desde la Ocampo hasta el boulevard Gustavo Díaz Ordaz y se arma una buena fiesta con matachines, antojitos y, por supuesto, las ricas empanadas de Santa Rita.
La fuente dedicada al chihuahuense Martín Luis Guzmán, uno de los mejores escritores de la novela revolucionaria, en una especie de glorieta en el cruce con el boulevard Gustavo Díaz Ordaz y las calles 20ª y 22ª, está siendo remozada en estos días. Más allá, entre la 30ª y la 32ª, se encuentra la plaza de Pascual Orozco, frente a la escuela Guadalupe Victoria. El cuadro para construirla quedó señalado en 1909, cuando el Ayuntamiento aprobó el fraccionamiento de ese barrio. La plaza recibió el arreglo que tiene en 1943 y se le dio el nombre de quien encabezó la lucha armada en la región de Guerrero en noviembre de 1910 contra el gobierno del general Porfirio Díaz.
Y donde la calle cambia de nombre a Roque Jacinto Morón se hallaba hasta hace algunos años una petrolera, donde cada invierno la gente hacía fila para abastecerse del combustible para pasar el invierno. En contraste, frente a este lugar se halla una famosa nevería, donde la gente acude por las tardes de verano a disfrutar de un rico barquillo, ¿no se te antoja uno de plátano con nuez?

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