El mayor esplendor de la cultura prehispánica anasazi se registró entre los años 1205a 1260 dC.
El Heraldo de Chihuahua
3 de septiembre de 2009
Las más importantes ruinas arqueológicas del norte de México están en Chihuahua, en la llamada zona de Paquimé, que quiere decir Casas Grandes. Estos testimonios ancestrales de una cultura desarrollada fueron desenterrados entre 1958 y 1961 mediante trabajos dirigidos por varios arqueólogos; las ruinas están localizadas en los suburbios de la población de Casas Grandes, cabecera del municipio del mismo nombre, a 350 kilómetros al noroeste de la capital del estado.
Las grandes estructuras, tanto ceremoniales como habitacionales, pertenecen a una prolongación de la cultura prehispánica anasazi, con influencias de la mogollón y ligeramente de la hohokam, todas ellas de la rama cochise de las Culturas del Desierto en Aridoamérica, de las cuales se derivó la correspondiente a los Indios Pueblo. Otra hipótesis que se manejó en un principio, señalaba que Paquimé fue el tercer asiento de los aztecas en su peregrinación de Aztlán hasta el Valle de México. Sin embargo otra versión científica sugiere que el Valle de Piedras Verdes, cercano a Paquimé, fue el famoso Valle de Aztlán.
Así se da a conocer en el libro "Chihuahua hoy" en el texto denominado Ruinas de Paquimé.
A los alrededores de Paquimé se encuentran ruinas o vestigios con características arqueológicas propias semejantes entre sí, en los municipios de Namiquipa, Madera, Gómez Farías, Ignacio Zaragoza, Buenaventura, Galeana, Casas Grandes, Nuevo Casas Grandes, Janos y Ascensión. En esa zona se encuentran varias cuevas con construcciones en su interior, de ellas la más conocida es la Cueva de las Ventanas. Las Cuarenta Casas recibieron ese nombre porque los primeros exploradores españoles desconocían el número de cuevas con construcciones en su interior, ahora se sabe que el número de cuarenta casas es incorrecto, sin embargo el nombre se ha respetado.
La construcción de Las Cuarentas Casas ocurrió durante la época de mayor esplendor de Paquimé (1205 a 1260 d. C.), época que corresponde al período tardío de la cultura Paquimé. De esa época datan las construcciones. Se dice que el asentamiento de Las Cuarenta Casas fue establecido para proteger las rutas comerciales de Paquimé. Se piensa que este centro de la cultura regional debió de enfrentar muchos problemas para mantener sus rutas comerciales abiertas, por lo que se miró obligada a crear asentamientos a lo largo para vigilar a los vecinos hostiles.
La Arquitectura...
La arquitectura más antigua de Paquimé se asocia a los primeros asentamientos semipermanentes y alcanzó un alto grado de eficiencia y belleza en el Periodo Medio; las primeras construcciones eran recintos semisubterráneos que contaban con una armazón redondeada de ramas recubiertas de lodo. Posteriormente los muros se construyeron clavando ramas verticales, amarradas entre sí con fibras, para luego ser recubiertas de lodo, que conformaban recintos cuadrados o rectangulares.
De esta costumbre se derivó luego la técnica de elevar los muros utilizando encofrados que se llenaban de lodo batido que los albañiles presionaban con los pies, cuyas huellas han podido ser localizadas en nuestros días. Con el uso de adobe colado se consiguieron resultados magníficos; se pudieron hacer construcciones de varios niveles, a la manera de los modernos multifamiliares. Para lograr mayor estabilidad, los arquitectos indígenas construyeron edificios escalonados; esto, junto con la forma de las pequeñas puertas, que recuerda la de una T con la tilde muy gruesa, les concede un aspecto característico y más bien diferenciado incluso dentro de la subárea Mogollón.
La forma en T de puertas tuvo una causa técnica, y con algunas diferencias se ha observado por ejemplo en Mesa Verde, sitio del área Anasazi, que es la más alejada de Casas Grandes. Es probable que por algún motivo desconocido, en Paquimé se le dio carácter religioso, ya que una roca bien creada, en la que se reprodujo la forma de las puertas, fue localizada en el llamado Montículo de las Ofrendas, junto con diversos materiales asociados al culto. Actualmente puede admirarse en el Museo Nacional de Antropología. A lo largo de la Sierra Madre Occidental pueden verse restos de edificios de adobe colado, algunos deteriorados, que básicamente corresponden a la época de expansión de Paquimé hacia la sierra, desde donde originalmente partieron los recolectores que se iniciaban en las prácticas agrícolas.
La Casa de las Guacamayas
En Paquimé se hicieron algunas construcciones conspicuas que posiblemente fueron casas señoriales; por ejemplo, la Casa de las Guacamayas, donde debieron habitar algunos especialistas en la cría de aquellas aves, de ellas se encontraron huesos enterrados con evidente respeto, así como las jaulas en que se les custodiaba.
La Casa de la Serpiente
Otra casa, que seguramente fue también importante, es la de La Serpiente, asociada a un montículo zoomorfo que recuerda a una víbora con penacho, tal como se representó a la serpiente emplumada en la región. En esta casa debieron habitar los sacerdotes que se hacían cargo del culto a aquella deidad, que posiblemente también se haya asociado al viento, como ocurría en Mesoamérica.
El Siglo XIII
En este tiempo se inició una serie de conflictos y reacomodos de población en Mesoamérica, que derivó del abandono de muchos sitios, como ocurrió con los de Mesa Verde, Colorado, por citar los más célebres. A la llegada de los europeos, parte del área aledaña a Paquimé estaba ocupada por sumas, grupo seminómada cuyos vestigios pudieron encontrarse cerca del antiguo convento de San Antonio de Padua, fundado hacia el 1660. Este grupo no tenía relación alguna con los antiguos habitantes de Paquimé.

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