
"La muerte tiene permiso" retrata este oficio que, a través de cadáveres de animales, cáscaras, conchas y restos de árboles, abre una ventana hacia el otro mundo para demostrar que cualquier materia es digna de ser maniobrada por los artistas. La imaginación no tiene límites, y menos cuando se trata de las tradiciones mexicanas, por eso en esta exhibición se pueden apreciar peines acompañados de calaveras realizadas con hueso, así como animales bajo el proceso de taxidermia y diferentes cráneos diseñados con semillas de colores que manifiestan una vez más la identidad este país.
Esta ofrenda representa un homenaje al siglo XIX, periodo en que la ciencia fue la protagonista de muchas historias, con la intención de "poner el conocimiento de los rituales para acercarse al panteón ecológico de México y, sobre todo, al sentido de la muerte, el cual ha marcado a nuestros propios pueblos". A pesar de que el tema no es muy frecuente, no se dejan de lado los elementos básicos de los altares, donde el incienso y la quema de las velas se unen para otorgar un olor único y representativo del Día de Muertos.
Es así como la flor de cempasúchil junto con los pabilos encendidos y el olor a copal, hacen reconocible al camino de los difuntos; mientras la presencia del agua y de sus alimentos preferidos les permiten mitigar la sed y el hambre. Con ésta, y las cientos de ofrendas presentadas en todo el Distrito Federal se da continuidad, a pesar de los siglos, a la tradición que se mantiene más viva que nunca y con su ayuda se les brinda a un homenaje a quienes adelantaron el camino.


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