El Heraldo de Chihuahua5 de octubre de 2009
Uno de los sitios más emblemáticos de nuestra tricentenaria ciudad es sin duda el templo de San Francisco, situado en las calles Libertad y 15ª.
Originalmente dedicado a San José, es uno de los más antiguos y fue levantado a instancias de fray Miguel Najas, comisario visitador de la Tercera Orden de San Francisco, quien solicitó en 1715 al alcalde un predio para edificar la capilla. Posteriormente los franciscanos edificaron el templo a su santo patrono.
Además de su importancia histórica, este templo guarda, en el presbiterio de la capilla de San Antonio, el cenotafio -¿te acuerdas de la palabra?- de Miguel Hidalgo, cuyos restos permanecieron ahí hasta 1823, cuando fueron exhumados para trasladarlos a la capital del país. Muy cerca de ahí, en la esquina del atrio, encontrarás la huella que dejó la última Estela de la Libertad, que fue removida a la Plaza Zaragoza, enfrente del templo.
Su arquitectura típica de las construcciones franciscanas consiste en una amplia nave con planta de cruz cubierta con viguería y una majestuosa cúpula como sello particular. En su interior destacan los altares de madera decorados con óleos y pinturas originales del siglo XIX dedicados a San Francisco de Asís y a Nuestra Señora de Regla.
El único retablo original que existe en el ábside se encuentra cubierto por otro de cantera que fue sobrepuesto en 1906. Los otros dos, empotrados en los cruceros, pertenecieron al antiguo templo jesuita y hubieron de ser mutilados para colocarlos en el estrecho espacio que ahora ocupan; se trata de magníficas tallas del siglo XVIII.

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