

31/octubre.- La plaza de toros La Esperanza vistió este viernes sus mejores galas para recibir la magnífica puesta en escena de la ópera Carmen, la trágica historia de una pasión atormentada, presentada por la asociación civil Tres Siglos… Tres Fiestas, para celebrar los trescientos años de la fundación de la ciudad de Chihuahua.A pesar del clima que se dejó sentir el día de ayer, con temperaturas de hasta 5° centígrados, el público fue cálido y pródigo en aplausos para todo el elenco de la obra de Georges Bizet, basada en la novela de Prosper Mérimée.
Un intenso tráfico presidió al espectáculo en el que actuaron más de trescientos artistas, principalmente locales como el tenor José Luis Ordóñez y otros chihuahuenses de corazón como la soprano Encarnación Vázquez y el actor Edgar Vivar, como ellos mismos lo han dicho.
A las 18:15 horas se abren las puertas de la plaza para dar paso a un público que ya hacía fila desde más temprano y entonces aparece ante sus ojos la monumental escenografía, formada por dos estructuras doradas, creada por Sebastián, de tres niveles, muy singular, como todo lo que viene de él.
En un extremo, un enorme abanico blanco y en lo alto una pantalla proyecta imágenes en las que se mezclan la Puerta de Chihuahua y la Puerta del Sol con el paisaje de Sevilla. Y habiendo colaborado también en el diseño del vestuario, no es de extrañar ver éstas y otras esculturas del artista estampadas en los chalecos de los actores.




La gente aplaude llamando a iniciar la ópera cuando en los monitores aparece la figura de Armando Pesqueira, director de la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua, que a causa del frío no podrá tocar a la intemperie.
La tercera llamada llega 24 minutos después de las siete en la voz de Leo Zavala Ramírez, conductor del programa Tres Siglos… Tres Fiestas, de Radio Universidad, quien lee un largo agradecimiento a todos los involucrados en esta aventura llamada Carmen.
Luego un fuerte aplauso da paso al primer acto, nos remontamos a Sevilla, España, entre los años de 1820 y 1825, un jinete hace su entrada y da la vuelta al ruedo, el escenario se llena entonces de gitanos y soldados, mientras tres jóvenes en el redondel practican las suertes del toreo. La conocida obertura de la ópera se deja escuchar.
Una trifulca llama la atención de los soldados y Carmen es aprehendida, pero seduciendo a don José logra fugarse y el militar queda bajo arresto. Así empezamos a deleitarnos con las impresionantes voces de Encarnación Vázquez, José Luis Ordóñez y María Alejandres como Micaela, la prometida de don José; así como el Coro Infantil del Conservatorio, pero es sólo el principio.
Se anuncia un intermedio de diez minutos que aprovechan los asistentes para buscar un café caliente, quizás un vino italiano, para mitigar un poco el frío y para el hambre, paella, suchi o baguette, ¿qué prefiere?
El segundo acto transcurre en la taberna de Lilias Pastias, la esperada actuación de Edgar Vivar dura sólo un instante, aunque luego se le ve sirviendo el vino.






Don José regresa y la gitana le dedica su danza cuando el toque de retirada demanda el regreso del militar.
El tercer acto retrata una noche en el campamento gitano, la luna llena se ve en lo alto flanqueada por imágenes del Árbol de la Vida de Sebastián. Al calor de la fogata y la luz de las antorchas, las mujeres leen las cartas para saber su destino, Carmen ve la muerte en ellas, una y otra vez.
Micaela busca a su hombre y lo encuentra convertido en un delincuente. Escamillo entra a caballo y reta a don José, ambos pelean navaja en mano por el amor de la gitana. Don José acude al llamado de su madre moribunda y Carmen se queda sola.
Tras el último intermedio, los coros del Conservatorio se integran al público repartiendo banderines que serán usados en el cuarto acto, mientras los areneros preparan el redondel para la corrida, el escenario es la plaza de toros de Sevilla; para nosotros, La Esperanza.
Un jinete da vuelta al ruedo seguido de dos novilleros y dos toreros inician el paseíllo partiendo plaza, luego dos rejoneadores y por último hacen su entrada triunfal a bordo de una carreta Carmen y Escamillo, esta vez encarnado por Antonio García que viste traje de luces azul y oro. En la plaza se escucha un grito: "Te amo, 'Chihuahua'", y júrenlo no se referían a esta tricentenaria ciudad.







Gritos como "'Chihuahua', torero valiente" y "eres único" se escuchan entre la audiencia, sin faltar el merecido aplauso. Quizá sea la algarabía de la fiesta brava, pero en ese momento el frío se siente menos.
Después de ensartar dos pares de banderillas en su muy personal estilo, "El Chihuahua" es seguido por el toro muy pegadito y luego desafiante une su frente a la del astado. Su cara queda pintada con la sangre del animal, igual que el traje de luces.
De las graderías surge el grito de "indulto" y la espada queda tirada a mitad de la arena. "Pancholín" regresa a los corrales mientras el matador besa la arena, se lava la cara y sale cargado en hombros.
En medio de la plaza queda sola Carmen, lleva un vestido rojo bordado de lentejuelas y peinetas en el cabello. Hasta ella llega don José, cansado, desaliñado, de luto, implorando su amor. Pero ella le arroja con desprecio el anillo que él le había dado, así firma su sentencia de muerte y finalmente cae a los pies del desertor.
Al término de la ópera los actores ser reunieron en el centro del ruedo para recibir la ovación del público, en tanto que los coros hicieron lo propio desde el graderío y los músicos de la orquesta salieron a enfrentar una fría noche de octubre para agradecer los aplausos de los asistentes, mientras los cojines eran arrojados por el público en señal de admiración y respeto.
Ésta será pues una puesta en escena digna de recordar, una fiesta digna de las celebraciones del tricentenario, un espectáculo que hará historia y que sólo habría sido posible en la monumental plaza de toros La Esperanza.






No hay comentarios.:
Publicar un comentario