
La comunidad artística debe rechazar enérgicamente las pretensiones del contador público Marco Aldaba Cerecéres de apoderarse de la dirección del Instituto de Bellas Artes de la UACh. Presentó su solicitud de registro como aspirante a integrar la terna para director con un currículo, si se le puede llamar así, carente de trayectoria docente y artística y sin derecho alguno, pues solo da una clase honoraria en el instituto y desde hace dos años está adscrito a la Facultad de Odontología en un puesto administrativo. Nunca ha sido académico.
Con negros antecedentes en el ibArt, pues durante su gestión como Secretario Administrativo la institución casi quedó en bancarrota, pretende ahora ser director sin más merito que el trafico de influencias con su “padrino”, un encumbrado político, según ha manifestado a los exiguos maestros que respondieron a su convocatoria, a pesar de ofrecer plazas de tiempo completo y puestos administrativos al por mayor.
Fue rechazado su registro por no cumplir con los mínimos que establece la convocatoria, pero ahora se apresta de nuevo a mover sus funestas influencias a fin de quedar en la terna a como de lugar ya que desde ahí su “padrino” lo hará director por obra y gracia de la santa imposición.
Entregar una institución artística a gente como Aldaba, sin más proyecto e interés que sus sórdidas ambiciones personales, es hundirla en las profundidades de la ineficiencia administrativa, la depredación de sus recursos y el socavamiento de todos los avances logrados hasta ahora, producto del esfuerzo diario de alumnos y maestros.
Por eso la comunidad artística debe manifestar su repudio a personajes como este que cínicamente han exhibido siempre una ignorancia total respecto a los asuntos del arte y solo ven en la institución la oportunidad de prenderse de una ubre presupuestal. Comencemos por alertar al mayor número de gente y alistemonos, para futuras acciones ante la posibilidad de que nuestro instituto sea secuestrado.


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