
Lo hizo, recuerda Bela Martinova, editora de una nueva versión de los Cuentos completos del genio ruso, siempre a contracorriente y con la esperanza puesta en el hombre. Como para curarse, aparte de ese mal infernal llamado epilepsia, de su cúmulo de heridas y para “alentar a la humanidad a no caer en el error de burocratizar la vida, de disecarla convirtiéndola en mera fórmula científica”.
Llamado no escuchado, se comprobaría en el tiempo, y cuyo espacio sería ocupado por una de las más osadas burocracias de las que se tenga memoria.
Cuentos completos contribuye de manera pulcra y oportuna a llenar ese (inadmisible) vacío que sobre la obra de Dostoievski aún padecemos. Y es que por increíble que parezca, no todas sus obras circulan con el rigor necesario y las garantías editoriales requeridas para su mejor difusión. Si bien sus grandes novelas han tenido mejor suerte —Humillados y ofendidos; Crimen y castigo; Los hermanos Karamázov—, los cuentos permanecían dispersos, incluidos en antologías o en ediciones baratas.
Escritos en alternancia con la novelística, incluso con lo que podríamos identificar como el ensayo dostoievskiano, estos cuentos, dieciocho piezas sin desperdicio y presentados aquí cronológicamente, condensan de manera intensa el contenido filosófico de toda la obra del autor. Son esos otros hilos de su gran tejido literario y donde, dejando a un lado los grandes momentos trágicos de sus novelas, dan paso a la ironía, también componente de la humanidad.

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