
Frida Kahlo, Diego Rivera, Saturnino Herrán, José Clemente Orozco, Francisco Goitia y otros grandes maestros de la pintura iberoamericana.
Chihuahua, Chih., marzo de 2008.- El Gobierno del Estado de Chihuahua a través del Instituto Chihuahuense de la Cultura, y su Museo Chihuahuense de Arte Contemporáneo “Casa Redonda, en coordinación con ING Seguros invitan a la ciudadanía a participar y disfrutar de la inauguración de la exposición “Rostros y Tradiciones”, colección única en su género, a realizarse el próximo miércoles 26 de marzo, a las 20:30 horas, con entrada libre y vino de honor.Esta magnífica colección presenta la obra original de pintores mexicanos como son Frida Kahlo, Diego Rivera, Saturnino Herrán, José Clemente Orozco y Francisco Goitia.LA HISTORIA DE LOS FAMOSOSO PINTORES.El siglo XIX fue para México un siglo de afirmación nacional, producto de las convulsiones políticas, económicas, sociales y culturales, que dejaron la Guerra de Independencia, el Imperio de Iturbide, las intervenciones extranjeras (norteamericana y francesa), la Guerra de Reforma, el Imperio de Maximiliano de Austria y el porfiriato. La pintura, durante este periodo, se orientó a aspectos como: la representación de acontecimientos históricos trascendentales; el costumbrismo, que documentaba la vida popular; el retrato, que detallaba los estilos de vida aristocráticos en contraste con la pobreza del pueblo; o la pintura religiosa, que daba fe del poder católico en el país a pesar de la supresión de los privilegios eclesiásticos durante la Reforma. La historia del arte mexicano está ligada a la de la Academia de San Carlos, cuyas capacidades de formación de artistas y, sobre todo, su ideología siempre estuvieron sometidas a los virajes políticos de los gobiernos en turno. Se ha dicho que con la fundación de la Academia de San Carlos, en 1781-85, se inició el arte moderno en la Nueva España y aunque sus primeros años serían prósperos, con el estallido de la guerra de Independencia pasaría por grandes penurias hasta el ascenso al poder del presidente Antonio López de Santa Anna, quien la dotaría de una nueva administración y de recursos económicos. La dictadura porfirista se reflejó desde el cambio de denominación de la Academia de San Carlos a Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA) y por la consolidación del nacionalismo y del realismo académico decretados a partir de la restauración de la República por el gobierno de Benito Juárez. El intento de actualizar la enseñanza de la pintura, mediante la contratación del pintor catalán Antonio Fabrés en 1903, quien sólo permanecería tres años en México, significó el retorno a un realismo academicista, ya decaído entonces, y temáticamente anacrónico. La obsolescencia de los métodos de enseñanza y la precariedad de los recursos económicos de la ENBA, que provocaron una huelga estudiantil en 1906, se agravarían con el estallido de la Revolución en 1910. Sin embargo, se suele señalar el año de 1917 como el más pródigo en el número de exposiciones realizadas.Quien supo sacar un provecho personal de las enseñanzas de Fabrés, fue Saturnino Herrán, porque en poco tiempo probó su gran dominio técnico y su aspiración a mayores retos. Le interesó el tema de los oficios populares, los más humildes, pero principalmente la fusión equilibrada de la cultura española y la mexicana, entendida como el tratamiento neoclasicista de figuras emblemáticas del arte prehispánico y el popular. De ahí que en sus obras más notables conciba a los indígenas con cuerpos apolíneos, desnudos o semidesnudos, proyectando una sensualidad de la cual carecen sus modelos clásicos. El arte mexicano tomó nuevos rumbos a partir de 1921 cuando José Vasconcelos asumió el cargo de secretario de la recién instaurada Secretaría de Educación Pública, durante el gobierno de Álvaro Obregón. México acababa de pasar por una revuelta social que había dejado inmerso al país en un proceso de reestructuración en todos los ámbitos. El programa de Vasconcelos clamaba por un arte público, pero no era la primera vez que se hacía. El primero en manifestar esa idea había sido Gerardo Murillo "Dr. Atl" y en 1910, un grupo de pintores, entre los que se contaba José Clemente Orozco, había solicitado al gobierno los muros del anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria, para "decorarlos", lo cual le fue concedido. El estallido de la Revolución impidió la realización de este proyecto, que confirmaría la latencia de un afán de crear un "renacimiento" o una revolución cultural. Entre los años 1920-1938 se enmarca el periodo heroico, legendario y utópico de las misiones culturales, conjunto de acciones sociales que tuvieron la finalidad de promover la educación y el arte entre las grandes masas marginadas de la educación, la ciencia y la cultura en nuestro país, entre ellas los indígenas. En el campo pictórico, Vasconcelos llamó a Diego Rivera, Roberto Montenegro, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, para que decoraran con motivos mexicanos los muros de algunos edificios públicos. A éstos se unirían otros artistas incluyendo a pintores extranjeros que se dejaron conquistar por este “Renacimiento Mexicano”. Las pinturas de Rivera presentes en esta exposición parecen contraponerse entre sí y, a la vez, a los temas abordados en sus pinturas murales, historicistas por excelencia y reconstructivas del esplendor perdido por México. Rivera tuvo que conciliar para sí mismo entre los trabajos que realizaba por encargo como los retratos, sin traicionar sus convicciones plásticas, con aquellas que adquirían connotaciones sociales contrarias.Orozco por su parte se encarniza contra la injusticia social y contra la guerra, dilatando su trasfondo crítico hasta lo caricatural que alcanza dimensiones. Siqueiros, pintor de las proezas tecnológicas y de las luchas sociales de los países oprimidos coincide con Orozco en afirmar que, cuando el patetismo de la realidad trasciende toda medida, no queda más respuesta que la ferocidad de que es capaz la caricaturaOtros pintores realizaron obras personales, rehusándose, oponiéndose o mostrándose indiferentes a la voluntad de hacer de la pintura un vehículo de declaración política. Atentos a las vanguardias europeas del siglo XX, acertaron al afirmar que la mexicanidad de sus obras se daría por su propia naturaleza. Esto no resultó en una falta de interés por su entorno social y mucho menos por la diversidad de motivos que México aportaba para experimentar la formalidad de las tendencias en boga.Tal es el caso de Francisco Goitia, quien a pesar de su profundo interés por los problemas sociales, difirió este honor para no interrumpir sus viajes de exploración al México profundo. Por su formación europea, Goitia fue naturalista, realista y romántico, así como impresionista, y alternativamente expresionista y realista de nuevo. Pintora por derecho propio, Frida Kahlo, tomó de la pintura popular la narrativa ingenua y por ello fantástica del ex voto religioso mexicano, para constituir su obra como una especie de confesionario o una bitácora de vivencias personales, casi siempre dolorosas, elevando el autorretrato a categoría estética.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario